
Cuando descubrí que tres de las que considero las series más creativas de la televisión habían sido creadas por la misma persona y también canceladas repentinamente, no pude evitar creer que todo se trataba de una terrible conspiración.
Aún recuerdo cuando me topé con la primera creación propia de Bryan Fuller. Fue durante unas vacaciones cuando en un canal de cable presentaban algo que llamaban “una historia fuera de la convencional”. Entonces vi el primer episodio y me encontré con la ficción de una joven común que repentinamente podía conversar con objetos inanimados: estaba viendo Wonderfalls, la poco recordada serie que prometía traer un poco de absurdo a la televisión en el 2004.
Fue en ese momento cuando conocí las formas narrativas de Bryan Fuller y su subestimada cruzada por llevar a la televisión el encanto del realismo mágico con sus historias, enfrentándose a convencionalismos y tramas clásicas como nadie.
Con Wonderfalls dio el primer gran paso, pero su humor pesimista y su oda a lo paradójico tal vez estaban demasiado adelantadas a su tiempo y pronto se perdió bajo la sombra de la cancelación de su primera temporada, a pesar de ser una de las mejores premisas de aquel momento.
Pero la tarea de traer lo inimaginable a la televisión no había llegado a su fin. Luego de caer por las cascadas, Bryan logró lo que puede ser el mejor acercamiento al delicado tema de la muerte después de Six Feet Under. Dead Like Me apareció llena de sarcasmo, acidez e ingenio, diluidos durante dos temporadas que mostraban los hipotéticos dilemas de la vida después de la muerte. Nada más imaginativo que eso. Presentar a fantasmas filosofar sobre la levedad del ser aderezados con un par de escenarios ridículos ha sido una de las propuestas más arriesgadas que he visto. Tanto como lo fue Pushing Daisies, la otra creación con el sello Fuller, un verdadero disfrute visual aclamado por la crítica. La calidad estética, la fotografía, música y personajes peculiares pudieron convertirla en una de las mejores series de un género inexistente que lideraría porque mezclaba elementos del drama, la comedia, el misterio y la fantasía, siendo otra de esas propuestas arriesgadas y frescas sin igual.
Pero ni lo sobrenatural ni lo mágico pudieron lograr que estas historias tuviesen un final feliz. Dead Like Me fue cancelada al final de su segunda temporada por su baja audiencia y Pushing Daises sufrió las consecuencias de la infame huelga de guionistas del 2007.
Tal vez es gracias a las sombras de las cancelaciones que el nombre de Bryan Fuller no brille tanto. Pero su tarea no puede quedar en la oscuridad. Sus inagotables experimentos televisivos han intentados mostrarnos una realidad distinta, divertida, mágica pero profunda. Sus historias no buscan sólo entretener porque tienen algo importante que contar, de una manera diferente donde lo extraordinario e irreal se desarrolla con una sencillez tan cautivadora que deja a un lado los cuestionamientos y nos invita a contemplar la fantasía. Por eso las creaciones de Bryan Fuller son un digno disfrute visual, de esos que por ahora, la televisión se niega a comprender.