
La serie de televisión que presenta al caníbal más famoso de la ficción contemporánea podría ganarse muchos calificativos: ser una de las series en emisión con mejor cinematografía, tener las mejores actuaciones de la temporada o contar con varios de los personajes más llamativos. Pero sin duda, lo mejor de Hannibal es que da hambre.
Cada vez que el
Dr. Hannibal Lecter presenta un plato que cocina, lo hace con tanto detalle y
elegancia que es imposible no despertar cierto apetito en quien lo ve. Algo bastante
inquietante considerando que todos los platos están hechos a base de fresca
carne humana.
No es una
afirmación a la ligera. Cada plato presentado es una tentación al paladar, una
indirecta invitación a probar algo prohibido. A formar parte del selecto grupo
de caníbales voluntarios o involuntarios de la serie. Ya con esto, Hannibal se convierte en algo totalmente disruptivo.
Ya por eso me gusta. No se limita a ser un procedimental más, al contrario, es como un
primo lejano de CSI, extranjero, con
esteroides y muy culto.
Rompe esquemas al invitar al público a "probar" por la mirada y al mostrarse tan
cruda y retorcida en un canal de televisión abierta como la NBC, que está tan
sujeto a limitantes y censuras.
Presentar en
cada capítulo un brutal caso criminal que el FBI debe resolver con el apoyo del profesor Will Graham y su psicoanalista Hannibal Lecter, es una
fórmula que le queda perfecta. Es el balance ideal entre vertiginosas
persecuciones y escenas llenas de barbarie y momentos oníricos y psicológicos.
Es de esas extrañas mezclas entre algo muy entretenido y algo muy intelectual a
la vez.
Que a través de
cada crimen y criminal vayamos descubriendo más la psiquis de sus protagonistas
es una forma interesante de abordar la trama. Y que también tienten al
espectador a formar parte del crimen es, al menos, interesante.
Se puede hablar
mucho de la gran actuación de Mads Mikkelsen como Hannibal, de que la serie se ganó su 2da temporada por un pelo de rana calva o que puede que se convierta en la primera serie de
Bryan Fuller en no ser cancelada abruptamente. Pero nada es tan intrigante como
someter al espectador en la incómoda situación de pensar en lo bueno que se ve
un plato, para luego caer en cuenta de que está hecho con el hígado de alguna
persona. Eso, eso lo vale.