julio 19, 2013

La difícil tarea de ver Arrested Development


Ya sea por allá en el 2003 o ahora, conocer a los Bluth siempre ha sido una tarea complicada. Disfrutar de la historia de la familia que lo perdió todo es más un verdadero reto.

Arrested Development siempre estuvo resbalándose. Cuando se transmitió en televisión no era fácil seguirle el ritmo porque su emisión era irregular y tuvo poquísima promoción, mientras que disfrutarla por otras vías como Internet o DVD no eran alternativas tan comunes ni masivas como lo son ahora. Simplemente no era fácil ponerse al día con una serie de la que se hablaba poco, pero se hablaba bien.

Fue gracias a Netflix que por fin pude verla ordenadamente, a mi tiempo y en todo su esplendor. Pero antes del orden fue el caos y Arrested Development fue de esas que tuvo inicios truculentos. Desde que FOX comenzó a emitirla en el 2003, estuvo bajo la sombra de la cancelación por sus continuas bajas audiencias a pesar de que la crítica la calificaba de inteligente e ingeniosa. Durante tres temporadas logró sobrevivir dando traspiés, entre abruptos cambios de horarios y amenazas constantes de fin.

Y es que tal vez resultaba muy audaz para su tiempo. Arrested Development presentó en su momento una comedia familiar muy distinta a lo acostumbrado. En ella Michael Bluth (Jason Bateman), el hijo correcto y honesto, asumía la responsabilidad de mantener a flote a su familia disfuncional luego de que un escándalo de fraude los dejara en bancarrota. Junto a su hijo (Michael Cera), sus hermanos, sus padres, su cuñado y sobrina intentarían administrar la empresa familiar y sus propias vidas ante su nueva realidad decadente.  

Una premisa distinta que también era presentada de manera original con el para entonces pionero formato del falso documental, donde los personajes son perseguidos por la cámara como si grabasen las situaciones espontáneamente. Un modelo ahora mucho más común en series como como Modern Family o The Office.

Aún con todo esto y muchos otros logros en su corta trayectoria, en el 2006 recibió el ultimátum. Ante la poca audiencia FOX decidió fulminar su tercera temporada con un “especial” de dos horas que comprendía los últimos cuatro episodios del ciclo, quemándolos en un mismo día y confirmando firmemente su cancelación definitiva. Una decisión fuerte considerando que la serie ya había construido una fiel base de seguidores, había ganado seis premios Emmy y había logrado entrar en la lista de los 100 mejores shows de televisión de la historia según la revista TIME.

Pero no todo fue en vano ya que contribuyó a que también entrara al no tan prestigioso club de los programas que fueron repudiados por sus cadenas por sus bajas audiencias pero que terminaron convirtiéndose en series de culto. Cuando las temporadas llegaron al formato DVD las ventas se dispararon: viejos fanáticos y nuevos entusiastas con tiempo redescubrieron a la familia Bluth agregándole mucho más misticismo a la serie.

Luego del éxito de ventas comenzó el rumor sobre una película para darle un final digno a la historia de esta familia, pero el rumor dejó de serlo en el 2011 cuando se confirmó que Netflix reviviría la serie para grabar una cuarta temporada exclusiva.

Así fue que después de tantas altas y bajas Arrested Development regresó a la palestra, recuperó su elenco, sus productores y finalmente se presentó en una nueva plataforma de una manera totalmente osada para la historia de la televisión y las comedias.

Su cuarta temporada comienza casi en el mismo instante donde terminó hace siete años, sorprendiendo que no busca excusarse en saltos temporales o giros bruscos de tramas para justificar su larga ausencia. Al contrario, aprovecha la situación para reinventarse a sí misma y contar tanto el pasado como el presente convirtiéndose en un verdadero reto al espectador, hecho especialmente para disfrutarse bajo la filosofía de Netflix: verlo cuando quieras, las veces que quieras.

Por primera vez la serie dedica cada capítulo a un personaje en específico, mostrando una historia personal que a su vez se irá cruzando con la de los otros miembros de la familia Bluth, trazando así una línea temporal desordenada que va ganando coherencia episodio tras episodio, al ir conectando puntos y situaciones.

Por eso, como en sus temporadas anteriores, tampoco es un trayecto fácil de ver. Pero esta vez es porque resulta como una obra hecha sólo para los más fieles fanáticos como un agradecimiento por su apoyo, su larga espera y por soportar el arduo camino recorrido. Está llena de auto referencias, chistes ocultos y líneas memorables rompiendo esquemas y estructuras previas en sólo 15 nuevos episodios.

Después de un largo recorrido lleno de baches y cancelaciones, Arrested Development regresa de forma compleja, arriesgada e ingeniosa. No podía ser de otra forma ahora que la serie finalmente puede descansar de forma ordenada en Netflix, lista para disfrutarse como se quiera, cuando se quiera. Por lo que conocer a los Bluth ya no es un reto, sólo es un largo y entretenido disfrute.