
Este año se marcó un hito en la era del entretenimiento. A través de KickStarter, la plataforma digital para financiar cualquier tipo de proyectos, una comunidad de fanáticos a nivel mundial pagó la producción de toda una película que serviría como la secuela de una serie que como muchas otras, fue cancelada antes de tiempo. Gracias a esas millones de donaciones, Veronica Mars ahora podrá ser vista de nuevo por sus fans.
La iniciativa recaudó en dos días más de 4 millones de dólares para la producción, el doble de lo estimado y necesario. Todo un gran logro para lo que en su momento fue una serie para adolescentes de la CW, un género subestimado de la televisión por su habitual simpleza, poca profundidad y temáticas tan repetitivas que la típica historia de un grupo de jóvenes sobreviviendo a la vida en high school suele ser una premisa que engloba a casi todas estas series juveniles, incluyendo a Veronica Mars.
¿Por qué entonces esta serie para
adolescentes resaltó y logró cosechar una fanaticada tan duradera y fiel como
para resucitarla con su propio dinero? Sólo hay que ver las pistas que dejó
durante sus tres temporadas y notar que su fuerza está en aparentar lo que no es.
Aunque Veronica Mars fue todo un trama juvenil, un par de episodios
demostraba que bajo esa superficie adolescente reposaba algo más. La historia
de los jóvenes en Neptune High estaba
teñida de muchos matices sociales y crímenes que iban indagando en cada uno de esos
capítulos.
Veronica, la hija del ex-sheriff
de policía y detective privado interpretada por la carismática Kristen Bell,
fue la protagonista que rompió con cualquier estereotipo televisivo del momento
por no ser la adolescente tradicional que sólo se interesaba en noviazgos y
amistades frívolas. Era más una figura astuta y con muchas inquietudes para su
edad, que veía en los pequeños misterios a su alrededor la oportunidad de
calmar su insaciable sed de justicia, por lo que se convierte en una especie de
detective amateur que rinde homenaje al género del crimen y el misterio con una
versión muy moderna y ácida de Nancy Drew.
Los misterios que protagonizaban
cada episodio y que ella se empeñaba en resolver podían ser desde pequeñas
trivialidades entre compañeros de clases hasta sucesos muchos más sombríos que hacían
confrontar a su espectador a temas como violación, asesinato, incesto e incluso
abuso infantil, todo en un lenguaje llano y justo para el tipo de público al
que estaba dirigida. Un público que no esperaba encontrar en una serie teenager algo como eso.
Veronica Mars es la serie adolescente que se atrevió a retratar al
joven de una manera astuta y que además logró enfrentarlo a temas crudos de
forma sutil, inteligente y entretenida al mismo tiempo. Temas que ni siquiera
pretendía explicar. Sólo buscaba presentarlos y dejar clara su existencia,
quitándole la inocencia a la juventud y tiñéndola de una angustiante realidad.
Por eso ahora es esa pequeña joya
de culto que es hoy. Una serie sin pretensiones que marcó a parte de una
generación con las interesantes historias de sus casos, que sorprendió con lo
profundo de sus personajes y sus
temas y que no temía plantarse ante nada.
Veronica Mars fue como su propia protagonista: parecía inocente y
vulnerable, pero es astuta y feroz. Tan
feroz, que logró sobrevivir a su cancelación para regresar 6 años después en
forma de una película pagada enteramente por los propios fanáticos que cuando
eran jóvenes apreciaron su astucia y el buen entretenimiento. Jóvenes que
crecieron, pagaron por el final que merecían desde hace tiempo y ahora sólo
esperan para verlo. Otro misterio resuelto.