Si algo me ha sorprendido de la última temporada de "Skins" es la repentina individualidad que han adoptado los personajes ante sus problemas y situaciones.
No es una perspectiva extraña. La fórmula narrativa de la serie durante todos estos años nos ha acostumbrado a que cada episodio pertenece a un personaje y que a través de cada una de esas historias personales se desarrollaría una general. Pero a pesar de esta estructura, ellos solían recurrir a su grupo de amigos para apoyarse moralmente.
Pero en esta oportunidad todo es distinto. Podría esperarse que después de la injusta tragedia de Grace, el grupo terminaría más unido a causa de la contrariedad, pero al contrario, lo sucedido terminó por separarlos drásticamente, fragmentando sus historias. Todos se encuentran sumidos en sus problemas, introspectivos y ante las dificultades no tienen a dónde ir.
El grupo desapareció y se percibe. Mini se encuentra con una súbita responsabilidad, Alo no puede contar nada sobre su relación y Franky se pierde en la culpa… todos se encuentran solos, evaden la ayuda y acuden a personajes que irrumpen en sus realidades para tratar de encontrar la calma. Los amigos, ahora están distantes los unos de los otros, frente a un panorama sombrío y violento, pues sólo los une el fantasma de Grace que poco a poco se va desvaneciendo.
A veces nos presentan varios escenarios de esperanza donde creemos que el grupo puede reformarse (cuando Franky descubre el secreto de Mini y le ofrece su apoyo), pero sólo terminan siendo casos aislados. Están gravemente separados porque nadie ha asumido la responsabilidad de lo ocurrido y lo vemos cuando todos terminan acusándose mutuamente en una de las fiestas de papá de Mini. No pueden asimilar que las cosas malas simplemente pasan y que a veces no hay responsables. Ellos necesitan una figura a la cuál dirigir toda su rabia e impotencia, o sino se autodestruyen.
Esa frase que dice que los amigos siempre están allí cuando más lo necesitas se desploma en esta sombría temporada. Porque todos han estado ausentes, reflexivos y no están dispuestos a aceptarse.
Resulta una despedida agria para lo que fue una prometedora tercera generación que oficialmente da fin a la serie con el dilema de que los amigos son el problema y a la vez, la solución.
