
En una versión más íntima y europea de una Marilyn cantando para el entonces cumpleañero presidente Kennedy, la nueva y joven esposa de Don Draper, Megan, hizo su memorable presentación como uno de los personajes más prometedores de la quinta temporada de “Mad Men”.
Quien en algún momento pareció ser sólo una secretaria tonta e ingenua, demostró que podía ser mucho más que una cara bonita. Megan es sin duda, la representación de la liberación femenina en el mundo machista y cerrado de la época. La sonrisa auténtica de una mujer, libre de tensiones.
Estamos llegando al fin de los 60. La guerra en Vietnam continúa y la lucha por la igualdad de derechos de los de raza negra se intensifica. El mundo y la época está cambiando y en la realidad que se nos presenta es ella el mejor ejemplo de todo esto: es soñadora, divertida, pícara y un verdadero espíritu libre. Es el aire fresco de ese entorno rígido al que estamos acostumbrados.
Ella sabe lo que quiere: busca ascender en el mundo de la publicidad, ser respetada por sus capacidades y ser reconocida más que por ser la esposa del jefe. Por eso no hay punto de comparación con la lunática Betty. Megan parece estar tan segura de lo que cree y busca que posiblemente se convierta en el próximo gran dolor de cabeza de Don.
Yendo más allá, puede que ella sea la causante de la caída trepidante del gran publicista desde los pisos más altos de la avenida Madison, esa misma caída que vemos al comenzar cada episodio de la serie.
Es una sorpresa cuando muchos esperábamos poco de este sutil personaje que apareció repentinamente en el panorama de la serie. Y a pesar de eso, en tan sólo un episodio ha comprobado ser la prometedora mujer capaz de dominar a Don Draper con la misma táctica que él ha utilizado por años: su persuasiva seducción.
Pero es que ¿quién podría resistirse a sus encantos después de semejante interpretación?