agosto 01, 2012

La triste comedia de Sorkin


Cuando te ves obligado a leer sobre algo que no te interesa, cuando quedas comprometido a asistir a una reunión indeseada, o cuando se te exige hacer una tarea que no quieres hacer, nada puede ir bien. Es por eso que por lo general estoy en contra de las cosas forzadas, así provengan de algo que me guste tanto como The Newsroom.

Su creador, Aaron Sorkin, tiene un estilo propio que puede calificarse como sermoneador. Y eso puede ser lo más atrayente de su narrativa: él quiere enseñarte algo estés de acuerdo con él o no, presentar una postura firme e imponerla como la moralmente correcta. Esa es su firma: reprochable por esa intención de querer mostrarse superior al espectador y a su vez, aplaudida por contar con esa audacia para empujarlo y hacerlo partícipe de un debate propuesto por la historia. Esto es lo que le da vida al poco cómun género de drama político.

Pero al parecer The Newsroom no quiere limitarse sólo a eso. Para romper el hielo o frenar sus acelerados diálogos, Sorkin intenta introducir a tropezones elementos de comedia. Sí, comedia que al inicio lograba parecer algo ingenua para la trama, pero ahora sólo es torpe, innecesaria, ridícula.

Y es que pareciera más un capricho, porque no hay que estar demasiado concentrado como para percibir que los choques contra puertas de vidrio o los comentarios sosos de la economista Sloan Sabbith están siempre fuera de lugar. Porque en vez de suavizar el ritmo de una trama que se narra a velocidad vertiginosa, los intentos de bromas causan una pausa quebrantadora, que ridiculiza.

No sólo eso. Algo que también debilita a la serie son esas constantes referencias a películas y libros que suelen ser exageradamente rebuscadas, como con la intención explícita de querer ganarse el calificativo de serie intelectualoide.

Bien hizo en referirse a la película Rudy en el quinto episodio (Amen), pero esa fue una gran excepción. Cuando las referencias deberían usarse como guiños hacia la cultura popular o para facilitar la historia, se prefiere emplearlas como elementos triviales, que parecen tener el único objetivo de demostrar esa superioridad Sorkinista, esa del yo-sé-más-que-tú.

Que no se me malinterprete. The Newsroom es en mi opinión uno de los mejores estrenos del año: arriesgado, intrépido y agresivo en sus temas. Pero también recae en ella la culpa de ganarse calificativos de irrisoria y elitista por negarse a entender que la comedia no le queda a su formato (ni siquiera para suavizarla) y que sus referencias fuerzan más a un espectador a no disfrutar algo que de por sí lo obliga a cuestionarse. Y la verdad es que a nadie le gustan las cosas forzadas, a nadie.

agosto 01, 2012 20:32