
Se podría considerar que la forma más fácil de generar empatía es la lástima. Más
aún luego de haber visto cómo el personaje de Regina en Once Upon a Time ha sido machacado sin contemplación
capitulo tras capitulo en la segunda temporada.
Impresionante es
ver cómo los escritores de la serie han logrado arrebatarle todo al personaje
de La Reina, tanto que la madre de Bambi en su lecho de muerte genera risa
comparada con el sufrimiento y rechazo constante que ha venido soportando la
alcaldesa de Storybrooke. Una cosa
excesiva.
El villano
explícito de la historia, se ha convertido en
el personaje que genera más compasión que otra cosa, sobre todo por ser la ahora solitaria, desterrada,
eterna outsider que siempre acapara
la simpatía de la mayoría.
No era difícil
presagiar que ella sería el personaje incomprendido de toda esta historia.
Después de seguir el desarrollo de la trama es fácil llegar a la conclusión de
que si alguien le sobran razones para ejecutar una venganza es a Regina: perdió
al amor de su vida (dos veces), perdió su reino, a su familia y perdió el
cariño de su hijo adoptivo que crió desde bebé. Vamos, que no sólo tiene
razones, tiene el derecho de cobrar justicia por su cuenta.
Soy de los que
cree que Blancanieves (Ginnifer Goodwin) sufrió la venganza más merecida de todas. No sólo por
hacernos soportar sus malas actuaciones semana tras semana, sino por ser
indudablemente la razón principal de todas las desgracias de Regina desde que
apareció en su vida. Si tan sólo se hubiese guardado sus imprudencias y callado la boca, nada hubiese pasado y esta serie ya tendría su final feliz. Pero no, aún tenemos que soportar a Mary Margaret y sus dramas
que no lo son nada.
El único
justificativo posible del maltrato repetitivo que La Reina ha venido
sufriendo a lo largo de la temporada es que se trate de un largo tramo de
reivindicación para su personaje y no sólo ensañamiento de los escritores,
porque lo que le están haciendo pasar a la pobre mujer ya roza seriamente en el
bullying argumental.