
Fox necesitaba un éxito y
tenía que arriesgarse. Tomó a Kevin Bacon y a su trayectoria, lo emparejó con
un antagonista macabro y los vertió en un thriller
policial de esos que suelen dar en el blanco… Y así nació The Following.
Para mi, toda
una nueva adicción próxima a convertirse en pura distracción de la fácil y
buena. En The Following, Kevin Bacon
es Rick Hardy, un agente retirado del FBI que es llamado como consultor de su
agencia ante un suceso inesperado: el asesino serial que había atrapado hace
años ha escapado y necesitan de su ayuda para encontrarlo. El asesino, un
profesor de literatura obsesionado con la obra de Edgar Allan Poe, se las ha
ingeniado para crear todo un culto a su alrededor estando en la cárcel y ha
reclutado en su secta personal a varias personas que están dispuestas a
obedecer sus órdenes, ejecutar sus planes y sobre todas las cosas: matar.
Una cosa
retorcida de esas que siempre despiertan interés. Desde un
principio no escatima en sorpresas para atrapar la atención, porque mientras
más avanza la caza de Hardy contra su asesino/archienemigo, la trama se va
llenando de acción, intriga y misterios.
El inconveniente
es que no hay que ser un erudito para saber que estas historias de persecuciones
están limitadas por el tiempo. Se sabe, se teme. Es un reto mantener vivo por
muchos episodios (o peor aún, temporadas) un juego del gato y el ratón sin que
se convierta en algo cansino o intolerable.
Y lamentablemente The Following lo promete.
Hasta ahora ha
sabido mantener su ritmo vertiginoso, su aura perturbadora y su toque gore.
Pero también ha comenzado a demostrar que está plagada de artimañas
argumentales como las repentinas y constantes relevaciones de los seguidores
del culto (cuando un personaje “inesperado” resulta ser miembro de la secta) o ese
triángulo amoroso en la cabaña que se convirtió en todo un placer culposo
adolescente. Puros trucos efectistas y repetidos que funcionan para entretener.
Y funcionan correctamente.
Para bien o para
mal, la serie tiene mucho para sostenerse: sus estrellas, su trama medio-basada en la obra de un grande de la literatura de terror, su muy ligera
muestra de barbarie o sus constantes alzas; pero todo apunta a que a la larga
se transformará en un absurdo sin una pizca de credibilidad.
The Following no es
grande, pero es buena. Porque aunque tiene momentos inverisímiles, exagerados y
hasta cursis, no deja de ser entretenida. Y entretenidas es todo lo que algunas
series necesitan ser.