abril 18, 2013

Poe ríe en su tumba


Fox necesitaba un éxito y tenía que arriesgarse. Tomó a Kevin Bacon y a su trayectoria, lo emparejó con un antagonista macabro y los vertió en un thriller policial de esos que suelen dar en el blanco… Y así nació The Following.

Para mi, toda una nueva adicción próxima a convertirse en pura distracción de la fácil y buena. En The Following, Kevin Bacon es Rick Hardy, un agente retirado del FBI que es llamado como consultor de su agencia ante un suceso inesperado: el asesino serial que había atrapado hace años ha escapado y necesitan de su ayuda para encontrarlo. El asesino, un profesor de literatura obsesionado con la obra de Edgar Allan Poe, se las ha ingeniado para crear todo un culto a su alrededor estando en la cárcel y ha reclutado en su secta personal a varias personas que están dispuestas a obedecer sus órdenes, ejecutar sus planes y sobre todas las cosas: matar.

Una cosa retorcida de esas que siempre despiertan interés. Desde un principio no escatima en sorpresas para atrapar la atención, porque mientras más avanza la caza de Hardy contra su asesino/archienemigo, la trama se va llenando de acción, intriga y misterios.

El inconveniente es que no hay que ser un erudito para saber que estas historias de persecuciones están limitadas por el tiempo. Se sabe, se teme. Es un reto mantener vivo por muchos episodios (o peor aún, temporadas) un juego del gato y el ratón sin que se convierta en algo cansino o intolerable.  Y lamentablemente The Following lo promete.

Hasta ahora ha sabido mantener su ritmo vertiginoso, su aura perturbadora y su toque gore.  Pero también ha comenzado a demostrar que está plagada de artimañas argumentales como las repentinas y constantes relevaciones de los seguidores del culto (cuando un personaje “inesperado” resulta ser miembro de la secta) o ese triángulo amoroso en la cabaña que se convirtió en todo un placer culposo adolescente. Puros trucos efectistas y repetidos que funcionan para entretener. Y funcionan correctamente.

Para bien o para mal, la serie tiene mucho para sostenerse: sus estrellas, su trama medio-basada en la obra de un grande de la literatura de terror, su muy ligera muestra de barbarie o sus constantes alzas; pero todo apunta a que a la larga se transformará en un absurdo sin una pizca de credibilidad.

The Following no es grande, pero es buena. Porque aunque tiene momentos inverisímiles, exagerados y hasta cursis, no deja de ser entretenida. Y entretenidas es todo lo que algunas series necesitan ser.