

Cuando una temporada de The Walking Dead termina, es inevitable no ponernos reflexivos al respecto. En parte por sentirnos nuevamente engañados por la esperanza de encontrar una verdadera razón para continuar viendo con ganas la serie y por otra parte, porque no nos queda de otra: es eso o aceptar que perdimos el tiempo.
Así que para meditar
sobre ella hay que hacerlo sobre su único hecho concreto: The Walking Dead se sustenta bajo la promesa de la muerte. O de
que alguien morirá. Por eso en sus finales de temporada siempre ofrecen un
destino fatal para alguno de los personajes relevantes. Pero la cuestión no es si
morirán o no, porque todos están condenados de alguna manera. Lo que vale la
pena cuestionar es si aún intentando sobrevivir, merecen morir; y la mayoría de
las respuestas comienzan con un contundente sí. La prueba: varios de los caídos
en la tercera temporada.
Murió de la
manera más irónica de todas: dando a luz. Una humillación cuando la causa de
muerte número uno en su mundo son los muertos, no la vida. La esposa de Rick
fue desde un principio despreciable: infiel a su esposo con el mejor amigo de
él, descuidó más de una vez a su hijo e incitó a Rick a matar a Shane porque le
avergonzaba la idea de que fuese el verdadero padre de su nuevo hijo. Una
joyita que sin duda tenía merecido su último aliento en los pisos sucios de una
prisión.
La gran muerte
del final de temporada recayó en el personaje que aunque no se ganaba el
desprecio tampoco generaba demasiada simpatía. Andrea fue la primera en
plantearse ante nosotros el dilema de renunciar a la vida en una realidad tan
lastimera como las que les tocó vivir, pero cambió de parecer y terminó formando
parte del grupo de sobrevivientes. Hasta aquí su muerte parece un caso triste pero
cuando nos enfocamos a sus más recientes acciones la cosa cambia: por el
bienestar que le ofrecía El Gobernador no tardó ni dos días en tomar la
decisión de dejar a un lado a Michonne, la mujer que durante 8 meses la
protegió y cuidó cuando estuvo enferma. Luego, cuando se le presentó el dilema
de escoger un bando entre el grupo de la prisión y Woodbury, fue incapaz de
inclinarse por el grupo con el que había convivido por más tiempo… Por cosas tan desacertadas como esas no es tan difícil afirmar que Andrea se buscó su propia mordida zombi, sin derecho a pataleo..
T-Dog
A quien probablemente no
recordabas y precisamente por eso merecía la muerte. Nunca fue
fundamental para nadie y cuando finalmente hablaba era tan forzosamente irrelevante
que duele saber que el actor que lo interpretó realmente ganó dinero por eso.
Pero así como hay justicia poética, también hay injusticias como las inmerecidas muertes de Merle y Milton.
La del primero porque luego de un largo y tortuoso camino había conseguido
regresar al grupo original y obtener cierta redención, el segundo por pasar de
ser la mano derecha del Gobernador al que despertó de su engaño y que a
diferencia de Andrea, logró enfrentarlo de una manera u otra. Pero por muy lamentables que estas u otras muertes sean, qué más da. The Walking Dead dejó de ofrecer hace mucho algo que se pueda
considerar como un verdadero drama. Todo lo que queremos ahora es que aparezcan
zombis y maten personajes, lo merezcan o no. Sino ¿para qué la vemos?


