
Desde que en el 1998, Will & Grace rompió esquemas presentando al primer protagonista gay en una serie de televisión abierta, hemos visto desfilar por las pantallas montones de estereotipos homosexuales: el afeminado, el solitario, el intelectual, el promiscuo… pero no había visto una serie presentado a uno tan patético como lo hace Please Like Me.
Por eso es que
esta comedia australiana llega como una inesperada y refrescante brisa de
verano televisivo. Porque a pesar de ser una serie de autor llega con pocas pretensiones
y algo novedoso; es escrita y protagonizada por el comediante Josh Thomas, que
cuenta las desventuras de su homónimo en la ficción: Josh, un homosexual cohibido
que asume su orientación cuando su novia de años le abandona por y para que sea
gay.
Es una especie
de autobiografía condimentada con muchos momentos absurdos y personajes
estereotipadamente patéticos como el nerd fanático del anime, el pretendiente
ideal, el hombre en plena crisis de los cuarenta o la vieja fanática religiosa
que forman el pequeño círculo social de Josh y
el ambiente melancólico perfecto de una comedia moderna.
Silencios
incómodos, situaciones incómodas, personajes incómodos. Es una serie de penosos
momentos que entre tanto patetismo no queda más que burlarse y disfrutarlo.
Josh en su intento por comenzar a vivir su nueva vida debe enfrentar varios
obstáculos obvios como salir del closet, tener su primera cita, enfrentarse al
noviazgo, experimentar su primera relación sexual y redescubrirse. Una serie de
situaciones que prometen no ser más que momentos absurdos y torpes que revelen
el lado vergonzoso de la vida.
Please Like Me es una
serie que a la ligera se ha comparado con la obra de Lena Dunham, pero a
diferencia del mundo femenino e idealizado de Girls, esta no pretende ser profunda ni reflexiva sino muy simple y
alegre pero con sustancia. Entre tantas situaciones vergonzosas esconde
moralejas e instantes que roban una sonrisa no por chistes, sino por los
ingeniosos retazos de esperanza que deja.
Josh es patético, incómodo, torpe y hasta infantil. Un protagonista gay que rompe moldes sin ser obstinadamente reflexivo. Que se presenta como un ser penoso no por su orientación sino por su auténtica forma de ser diferente y repentinamente genuino. Es una historia tan relajada y sincera que su primera temporada de seis episodios es algo que se disfruta en un instante y deja con ganas de más momentos que permitan burlarnos de la siempre graciosa incomodidad ajena.
Josh es patético, incómodo, torpe y hasta infantil. Un protagonista gay que rompe moldes sin ser obstinadamente reflexivo. Que se presenta como un ser penoso no por su orientación sino por su auténtica forma de ser diferente y repentinamente genuino. Es una historia tan relajada y sincera que su primera temporada de seis episodios es algo que se disfruta en un instante y deja con ganas de más momentos que permitan burlarnos de la siempre graciosa incomodidad ajena.