
La segunda parte de la temporada
final de Skins fue dedicada a uno de los personajes más apreciados de todas sus
tramas: Cassie. Cuando se despidió de nosotros en la segunda temporada de la
serie, era una chica ingenua e insegura que logró alejarse de sus problemas
aventurándose en Nueva York, la ciudad de oportunidades. Pero en Pure chocamos nuevamente con la realidad
y nos reencontramos con ella en una situación muy distinta a la esperanzadora
despedida pasada.
Cassie de nuevo está sola, en
Londres y trabajando como camarera. Los años de aparente liberación no hicieron
demasiado y terminaron por regresarla a una rutina sin pena, ni gloria. Las
sonrisas y alegrías juveniles están ausentes y todo parece anunciar que los finales
felices en realidad sólo son temporales.
Pure se toma su tiempo para volver a presentarnos a su personaje
estrella con silencios significativos, secuencias reveladoras y música que
proyecta lo que siente. Nos reintroduce en su mundo ahora gris y repetitivo
hasta ratificarnos que, después de todo, regresamos a la decadencia.
Pero como antes, Cassie corre con
la suerte de contar con personas a su alrededor que aprecian su personalidad,
talento y verdadera belleza. Esta vez es Jakob, un típico stalker pero
talentoso fotógrafo que la retrata a escondidas para publicar sus fotos en un blog personal,
donde termina convirtiendo a su modelo secreta en una sensación de Internet, permitiéndole brillar de nuevo ante todos y encender la esperanza de un mejor
futuro. Uno feliz y merecido.
Varias cosas podrían comentarse sobre
todo lo que sucede entre tantas fotos, secretos y promesas de éxito repentino: el
amorío entre Cassie y el rumano, la distante y a la vez profunda relación con
su padre y hermano o su ingenua incursión en el mundo de la moda. Pero al
parecer poco de esto importa porque al final poco cambia su realidad. Todo
termina casi donde comenzamos, estancados. Todo se convierte en una anécdota
más.
En Pure recorremos una época más
en la vida de Cassie. No definitiva (como la Effy), ni trascendental. No revela
otra de sus facetas y ni siquiera se asoma a su pasado (porque con temor
intenta contarnos lo que pasó entre ella y Sid, pero tan sólo se acerca el tema tímidamente
sin dejar ver nada).
A diferencia de Fire, la segunda entrega de Skins es un acercamiento más íntimo. Un
trayecto introspectivo lleno de tropiezos y desalentador. Cassie mantiene su
inocencia y sus inseguridades, como si poco hubiese sucedido. Ni siquiera parece
una despedida o un reencuentro, sino un temeroso vistazo a su vida. Tal vez sea lamentable por su insignificancia, pero es grata
al ser tan personal y cotidiana entre la nada.