agosto 28, 2013

Skins Pure: manteniendo la inocencia


La segunda parte de la temporada final de Skins fue dedicada a uno de los personajes más apreciados de todas sus tramas: Cassie. Cuando se despidió de nosotros en la segunda temporada de la serie, era una chica ingenua e insegura que logró alejarse de sus problemas aventurándose en Nueva York, la ciudad de oportunidades. Pero en Pure chocamos nuevamente con la realidad y nos reencontramos con ella en una situación muy distinta a la esperanzadora despedida pasada.

Cassie de nuevo está sola, en Londres y trabajando como camarera. Los años de aparente liberación no hicieron demasiado y terminaron por regresarla a una rutina sin pena, ni gloria. Las sonrisas y alegrías juveniles están ausentes y todo parece anunciar que los finales felices en realidad sólo son temporales.

Pure se toma su tiempo para volver a presentarnos a su personaje estrella con silencios significativos, secuencias reveladoras y música que proyecta lo que siente. Nos reintroduce en su mundo ahora gris y repetitivo hasta ratificarnos que, después de todo, regresamos a la decadencia.

Pero como antes, Cassie corre con la suerte de contar con personas a su alrededor que aprecian su personalidad, talento y verdadera belleza. Esta vez es Jakob, un típico stalker pero talentoso fotógrafo que la retrata a escondidas para publicar sus fotos en un blog personal, donde termina convirtiendo a su modelo secreta en una sensación de Internet, permitiéndole brillar de nuevo ante todos y encender la esperanza de un mejor futuro. Uno feliz y merecido.

Varias cosas podrían comentarse sobre todo lo que sucede entre tantas fotos, secretos y promesas de éxito repentino: el amorío entre Cassie y el rumano, la distante y a la vez profunda relación con su padre y hermano o su ingenua incursión en el mundo de la moda. Pero al parecer poco de esto importa porque al final poco cambia su realidad. Todo termina casi donde comenzamos, estancados. Todo se convierte en una anécdota más.

En Pure recorremos una época más en la vida de Cassie. No definitiva (como la Effy), ni trascendental. No revela otra de sus facetas y ni siquiera se asoma a su pasado (porque con temor intenta contarnos lo que pasó entre ella y Sid,  pero tan sólo se acerca el tema tímidamente sin dejar ver nada).

A diferencia de Fire, la segunda entrega de Skins es un acercamiento más íntimo. Un trayecto introspectivo lleno de tropiezos y desalentador. Cassie mantiene su inocencia y sus inseguridades, como si poco hubiese sucedido. Ni siquiera parece una despedida o un reencuentro, sino un temeroso vistazo a su vida. Tal vez sea lamentable por su insignificancia, pero es grata al ser tan personal y cotidiana entre la nada.