
El 2013 ha sido sin duda el año de la embestida de Netflix. El servicio de streaming de series y películas ha ganado los suficientes suscriptores y popularidad como para permitirse crear sus propios contenidos y ampliar su biblioteca con series totalmente originales; opciones que su competencia y ningún otro canal de televisión tienen.
House of Cards, Hemlock Grove, Arrested Development y Orange is the New Black son las primeras series que Netflix ha presentado al público, todas en un mismo año. De diferentes géneros, formatos y para distintos públicos, como para corroborar que están allí para todos, sin distinción.
También resultó curioso que todas
estas series, en sus respectivas fechas de lanzamiento, ofrecieron todos los
episodios de sus temporadas de golpe. Nada de esperar a la próxima semana para
el siguiente capítulo, bien podrían disfrutarse en un par de días o en
varios meses, uno decide.
Peroa pesar de su notable éxito hay algo que no deja de resultar inquietante: el súbito silencio en el que se sumen
sus series luego de estrenadas. Una semana después de estar disponibles
parecieran perder todo el ruido a su alrededor y el hype se esfuma. Por ejemplo, con Arrested Development se habló de lo diferente, compleja, brillante
que era en sus primeros cinco días, luego sólo hubo retazos y finalmente
silencio.
La popularidad de las series se
construyen con el tiempo, porque hay cierta magia en seguir una historia en
colectivo y despacio: llegar al trabajo y compartir opiniones sobre el episodio
de anoche, intentar descifrar el futuro de algunos personajes junto a otros
fanáticos o discutir con otros espectadores alguna teoría sobre la trama. Todas
son situaciones que mantienen viva por mucho más tiempo a la ficción,
como toda la experiencia. No le vendría mal a Netflix contagiarse con un poco de
esto.
Lo que necesita Netflix es alargar la
popularidad de sus series y una de las alternativas para lograrlo es presentar sus próximas producciones en el tradicional formato seriado, revelando un episodio por semana para disfrutar cuando se
desee. Es el método convencional para conservar la atención de su público por la
siguiente entrega y tal vez, para mantener suscritos
a los usuarios por tres meses como mínimo si quieren terminar de disfrutar del
programa.
Pero aún sin explorar este formato al que Netflix le rehuye por principios, su actual éxito puede permitirle al servicio explorar otros caminos. Ya Netflix le plantó cara a las cadenas de televisión dejándoles claro que también puede hacer su trabajo. ¿Qué pasaría si pronto en vez de series de diez episodios, se aventura a encargar diez películas de diferentes géneros?
No es tan descabellado si ya
HBO lo hace desde hace años. Produce películas originales que nunca llegan a
transmitirse en cines y tienen tanto renombre y calidad como si lo hicieran.
Netflix pronto podría estar en capacidad de montarse en este tren y de retar
también a una industria cinematográfica que sabemos atestada de superhéroes y
secuelas. Una mejor oportunidad parece difícil.
Lo innegable es que
Netflix no dejará de experimentar. Ha confirmado el éxito de sus propuestas
originales demostrando ser rentables y atractivas, se ha establecido en diferentes plataformas y hasta ha creado asistentes virtuales para recomendar series a sus usuarios. Así que el próximo paso lógico es
apuntar más alto o ser más arriesgados: más producciones originales, nuevas
formas de presentarlas o proyectos más ambiciosos como películas o algo más
allá. Porque si el servicio se hace cada vez más poderoso y popular, sus posibilidades también.