Para nadie es un secreto que "Glee" es una de esas series que se perdió en el camino. Algunos creen que para bien, otros que para mal. Pero el rumbo original que tenía en sus primeros episodios nunca volvió a ser el mismo.
Lo que comenzó como una propuesta fresca y distinta de comedia juvenil, se transformó en una excusa para montar un par de coreografías y arreglos musicales a costillas de las canciones y artistas del momento.
Sin embargo la horda de fanáticos auto proclamados Gleeks, defienden a capa y espada la serie de las acusaciones muchas veces irracionales de todo ese grupo de personas que detesta ver a estos jóvenes cantar y bailar en televisión. Las acusaciones no van más allá de calificar a la serie como “demasiado gay” (que lo es) o de culparla por destruir las canciones originales al versionarlas (lo cual siempre será algo subjetivo). ¿Desde cuándo ser demasiado gay o variar la melodía de una canción hace a una serie mala? Tampoco hay que caer tan bajo.
La razón principal del por qué "Glee" es un desastre tiene nombre y apellido: su creador, Ryan Murphy. Él es como un niño hiperactivo que al querer contar varias cosas a la vez, termina destrozándolas todas, perdiéndose en el camino de sus historias. Ese es su estilo, enfocarse demasiado en algunos puntos y dejando en el olvido otros, al mejor estilo de las últimas, insoportables y dolorosas temporadas de "Nip/Tuck".
Al querer abarcar tantos temas (muchos de ellos intencionalmente polémicos), presentar canciones populares y justificar las acciones de sus personajes, "Glee" se ha convertido en un caos argumental que baila torpemente gracias a sus dos pies izquierdos. Lo que sucede con la serie, dejando atrás lo musical, es que hay:
1. Muchos personajes desaprovechados: si se nos es vendida la historia de un grupo de rechazados, esperamos que nos cuenten algo de cada uno de ellos, pero ¿qué sucede en la vida de Artie, el discapacitado?, ¿Acaso el asiático bailarín no hace otra cosa más que mover los pies, no tiene vida más allá de eso? Inaceptable que luego de tres temporadas (más de 50 episodios), aún existan personajes que desconocemos por completo y no den siquiera su primer paso para desarrollarlos. Y sin embargo, estos desconocidos aparecen en cada episodio para hacer chistes fugacez. ¿Dónde están sus historias, sus problemas, sus realidades? Algo se está desaprovechando.
2. Figuras explotadas: si bien tenemos un grupo del cuál no cuentan casi nada, hay otro del cuál cuentan demasiado. Las historias de Rachel, Kurt y Quinn Fabray, por ejemplo, asquean por el nivel de relevancia que le dan en cada episodio, cuando en realidad, no tienen por qué hacerlo. A veces tratan de contar tanto con ellos que crean un Frankenstein argumental: Quinn pasó de ser porrista popular, a joven con embarazo precoz, que hace años fue fea y reflexionó lo suficiente como para entrar a una fase hippie, luego terminó por convertirse en madre y porrista de nuevo para luego terminar como una rebelde sin causa con el cabello color rosado. Ni un miembro de los X-Men ha mutado tanto.
3. Una trama como pretexto: Este show no teme sacar debajo de la manga tramas o inventar fugazmente rasgos para sus protagonistas con la intención de tocar un tema en particular. Usar a los personajes como excusas para presentar la canción del momento en un episodio es caer demasiado bajo y darle poca relevancia a lo que de verdad interesa. Esta serie te invita a disfrutar del pretexto para ver ciertas canciones, no es una historia, no es una trama pensada… es sólo eso: un pretexto.
Ignora a los personajes y sus historias dejando un vacío que llenan con polémica y música popular. Esta es la muestra de lo que la explotación comercial puede lograr, deformando la esencia de lo que la serie fue: una propuesta distinta para la televisión sobre la historia de unos marginados en secundaria y pasó a ser un simple motivo para vender canciones versionadas que surgen sobre una trama ajustable e incongruente.
Lo malo hay que reconocerlo y que "Glee" no sea cancelada porque tiene una gran audiencia y genere muchos dólares, no significa que no lo merezca.
