
La nueva ficción de J.J. Abrams (Lost, Fringe) y Eric Kripke (Supernatural) cumplió con las expectativas de no ser gran cosa. De hecho, parece ser otra decepción que recuerda vagamente a ese intento malogrado que fue The Event.
La premisa es ambiciosa: nos encontramos en un mundo caótico donde no hay gobiernos ni ley desde que toda la energía eléctrica desapareció repentinamente del planeta, dejando a todos sin teléfonos, televisores, vehículos, computadoras o cualquier tipo de dispositivo electrónico. La ausencia de orden generó la proliferación de caudillos y milicias que intimidan y someten a la gente que abandonó las ciudades para establecerse en villas. Se trata de un épico relato de ciencia ficción que juega con la figura del Estado, la sociedad, sobrevivencia y las más viscerales ambiciones del ser humano.
Así que no puede decirse que su historia no es interesante y que tiene potencial. Lástima que falte algo para termine por convertirla en algo verdaderamente atractivo.
Tal vez en ese desesperado anhelo de las cadenas (y precisamente de la NBC) de crear “la nueva Lost” al producir series basadas en eventos apoteósicos, se olvidan de lo que realmente terminó haciendo atrayente la historia de los perdidos: los personajes.
Aunque pueda ser injusto evaluar Revolution por algo intrínseco de sus actores, es imposible ignorar que el carisma de los personajes brilla por su ausencia. Tanto que no afectaría ver como matan a cualquiera de los personajes principales de repente porque simplemente… no importan. No interesan.
Miles, el rebelde sabelotodo (Billy Burke) y Charlie, la adolescente malcriada pero luchadora (Tracy Spiridakos) son los estereotípicos protagonistas carentes de matices que terminan por simplificar una trama que promete ser enrevesada, restándole mucho atractivo. La “aventura” en la serie comienza cuando un grupo emprende la búsqueda de un miembro de su villa secuestrado por la milicia. Se traza un punto de partida para un gran recorrido que pronto pierde toda esa atmósfera emocionante cuando los personajes deciden separarse demasiado pronto, desviando la atención prematuramente en varias historias, tomando decisiones tan impulsivas como irreales, dotándolos de incongruencia. Parece que esa fuese la intención de los guionistas al permitir que cada personaje vaya por su cuenta en un mundo sin reglas y que uno de los que cuenta con una de las mejores historia emotivas de trasfondo, muera después de tres episodios.
Aún así, no todo parece perdido. Al final de cada capitulo se enciende una esperanza atada a vertiginosos momentos de intriga. Si algo logra Revolution en sus torpes inicios es crear buenos cliffhangers que permiten mantener vivo el interés hasta su siguiente entrega. Pero de eso no se puede sobrevivir por mucho tiempo; esperar cuarenta minutos para ver algo que realmente valga la pena no es justo, ni entretenido.
Con varios episodios emitidos y audiencias decentes pero decadentes, Revolution consiguió luz verde para culminar su primera temporada. Pero aún está muy lejos de convertirse en algo más duradero, porque si sigue a este ritmo, corre el riesgo de apagar todo interés en su mundo.