Desde que Lost demostró que se podía contar una historia desde su pasado, presente y futuro, la ficción norteamericana comenzó a sufrir de una plaga difícil de exterminar: tramas contadas a través de flashbacks.
Viajar en el tiempo no es cosa sencilla y asimilarlo no fue algo fácil. Cuando Lost basó su formato narrativo en saltos en el tiempo que mostraban lo sucedido en el pasado de cada personaje para comprender mejor su presente, desató una revolución televisiva sin desearlo. La audiencia comenzó a familiarizarse con términos como líneas temporales, agujeros de gusano y flashbacks, demostrando un interés por desmarañar todo lo que se le mostrara.
Desde entonces no han parado de aparece programas que intentan contar todo “de atrás para adelante”, con esa intención de volver a atrapar a un grupo curioso que quiera indagar en su tiempo.
En cuatro años, las copias del formato lostie han proliferado y uno de los responsables del fenómeno es uno sus creadores: J.J. Abrams. Al parecer quedó enamorado de esa forma de contar las cosas, porque tres de sus propuestas televisivas: Alcatraz, Revolution y Fringe han emulado la narración a través de viajes en el tiempo hasta el cansancio.

Alcatraz acudío a los flashbacks para contar el pasado de los criminales que protagonizaban cada uno de sus episodios. A través de los recuerdos se revelaban las intenciones y razones por la que los delincuentes actuaban. En un principio parecía interesante, pero pronto se mostró monótono y predecible.
Revolution se ubica en un futuro ficticio donde no hay electricidad en el mundo, por lo que se ve obligada a mostrar el pasado para explicar a cuenta gotas la razón del fenómeno.
Y aunque Fringe no (siempre) viaja al pasado, se desarrolla mediante realidades paralelas (muy al estilo de la temporada final de Lost). Que no se niegue que el señor jota jota está siguiendo un patrón que ha infectado a otros productores y proyectos.
También otras intentaron contar las cosas al revés. The Event, el fallido intento de NBC de crear una serie épica se apoyaba en las transiciones al pasado que poco a poco iban explicando “el evento” en torno al cual giraba la serie. Flashforward fue un falso intento de reinventar la narrativa del flashback basándose en un relato proyectado al futuro, donde sus personajes sabían lo que sucedería y se balanceaban entre el presente y la incertidumbre de lo próximo. Y como para confirmar la plaga, Once Upon a Time a pesar de lo creativa de su propuesta cae en el mismo juego de descubrir la identidad de sus personajes a través de saltos al pasado que permiten entender su realidad actual.

Ya con tantos intentos, no se trata de ninguna coincidencia. El pasado de Lost sigue dando coletazos con el formato que en su momento resultó refrescante, pero ya peca de repetitivo y cansino. Tal vez por eso la mayoría de las nuevas propuestas han ido a parar al cementerio de las series canceladas. Quizás sea un aviso para no seguir intentando contar una historia basándose en flashbacks, un aviso para regresar a lo básico, regresar a lo tradicional por un rato... We have to go back!