

A pesar de todo lo vivido, tras tres temporadas de The Walking Dead, aún conocemos poco de los sobrevivientes de ese apocalipsis zombie de la AMC. Podremos habernos encariñado con algunos y odiado a otros, pero otra cosa es conocerlos a fondo y verlos crecer.
La verdad es que la mayoría de los personajes se han mantenido encasillados y sin matices desde que se nos presentaron: Dale como el viejo moralista y sermoneador, Andrea la valiente en la que no se puede confiar o Glenn el tímido y escurridizo… muchos están estancados durante su paso por la serie a pesar de llevar meses viviendo una realidad donde muertos vivientes andan por el mundo comiéndole los miembros a los vivos.
Pero tampoco es que tienen muchas oportunidades. Nos cuesta ver el avance de algún personaje en la serie porque en cualquier momento los mata algún zombie poco amigable o quedan eclipsados por el constante ajetreo como le sucedió al pobre T-Dog, quien probablemente no dijo más de diez líneas durante las tres temporadas a las que sobrevivió.
Por eso hay que apreciar la madurez que ha experimentado Rick Grimes durante la tercera temporada. Tuvo que morir la insufrible de Lori, para que algo realmente se moviera dentro de él.
Del Rick valiente, bondadoso y justo que conocimos en un principio queda poco. Sus vivencias lo han convertido en un hombre determinado, sin piedad, receloso y mucho más racional.
Del Rick valiente, bondadoso y justo que conocimos en un principio queda poco. Sus vivencias lo han convertido en un hombre determinado, sin piedad, receloso y mucho más racional.
Porque asesinar a tu mejor amigo y sufrir la muerte de tu esposa no debe ser tarea fácil. Rick se quebró y no volvió a ser el mismo, y lo podemos percibir en cada uno de los últimos episodios, rompiendo por fin con la incapacidad de la serie de permitir a sus personajes evolucionar.
Rick ha crecido de tal manera que hemos podido experimentar su delirio a través de esa llamada telefónica que recibió de los muertos. Ya vamos más allá de su capacidad de disparar y salvar gente, vamos conociendo su forma de pensar, cómo cambia su carácter y su propio destino. Ya no es la historia del héroe, sino de la persona: ambigua, conflictiva y compleja.
Su hijo tampoco queda atrás: de ser el niño antipático del grupo ahora es un pequeño héroe que maduró muy rápido. Desde que aprendió a disparar a la cabeza de los zombies y mató a su propia madre (¡Bien hecho Carl!) su personaje ha dado un vuelco que lo hace prometedor.
Eso es lo que más enriquece el relato: la humanidad de los sobrevivientes, lo más preciado en ese mundo de muertos. Lástima que muchos personajes estén atrapados en moldes estereotípicos y no hayan explorado la misma profundidad que Rick a pesar de que también han pasado por momentos traumáticos. ¿Qué sabemos de Glenn más allá de que es bueno escabulléndose?, ¿Beth será por el resto de la serie la niñera de la recién nacida? Podríamos ir cuestionándonos el futuro de los personajes e inquietarnos, porque a mucho no se les ve ningún tipo de crecimiento, que si bien todos tienen un futuro incierto no debería significar que también sea incierta su personalidad.
Esa es la razón por la que la evolución de la familia Grimes ha sido de lo más disfrutable en la tercera temporada. Finalmente podemos ver una transformación real de las personas ante sus circunstancias (y no precisamente a muertos vivientes) , mientras cada vez hay más escenas de acción y suspenso que también se agradecen luego de la aburrida estadía en aquella granja.