enero 09, 2013

Los límites de Ryan Murphy


Cuando Ryan Murphy creó Nip/Tuck, uno ya podía ver indicios de lo que gusta ser: irreverente, controvertido y hasta innecesariamente radical. Los temas con los que gusta sazonar sus creaciones suelen ser de esos que incomodan o generan polémica;  táctica válida y arriesgada para contar una historia que le ha funcionado para labrarse un nombre y lograr tener un proyecto distinto en tres cadenas norteamericanas... al mismo tiempo.

Sin duda, el más sólido de todos ha sido American Horror Story, el drama sobrenatural que resulta tan morboso como entretenido y que se le ha dado muy bien a Murphy porque ha podido construir y definir personajes rápidamente, establecer tramas interesantes y levantar curiosidad en muchos aspectos de la historia.

También gracias a la producción y la cuidada estética, el show se ha convertido en un entretenido programa que se mantiene consistente a diferencia de los otros proyectos de Ryan, por lo que todo parece indicar que al señor polémica le favorecen los límites de tiempo. Pues sucede que American Horror Story se ha ajustado al formato de miniserie, por lo que está obligada a desarrollarse por completo en trece episodios y nada más. La primera temporada tuvo un cierre redondo que complació a muchos y la segunda también promete lo mismo. De esta manera Ryan se ve forzado a no divagar, a no inventarse nuevos e innecesarios personajes y mucho menos tramas polémicas sin razón, algo a los que nos tiene más que acostumbrados.

Por eso Nip/Tuck comenzó a lo grande y lamentablemente terminó hecha añicos: saturó a sus personajes con situaciones exageradas y ya en las últimas temporadas todo parecía un gran sinsentido que ofrecía puras excusas para presentar una que otra perversión sexual o psicopatía. Lo mismo le pasó con Glee. Ya comentaba como terminó por desviarse al querer contar mucho demasiado rápido y al crear escenarios perfectos para justificar temas y canciones forzadas para la trama.

Lo común es que se vea abrumado de ideas que termina decantando rápidamente en lo que está creando, dando como resultado que sus shows se transformen en un absurdo a lo grande y que sus personajes pierdan todo rumbo. Pero American Horror Story ha tenido la suerte de no terminar así, los límites de tiempo y de episodios le han favorecido y han contenido ese monstruo murphystico obligándolo a centrarse en lo que de verdad importa. Para que Ryan Murphy no se desborde hay que ponerle límites, que estos le sientan bastante bien.