El entorno
laboral de las oficinas de una agencia de publicidad en una época machista y
opresiva siempre ha sido el escenario en el que Elisabeth Moss le ha dado vida
a la queridísima Peggy Olson en Mad Men.
Estamos habituados a la chica tímida pero osada y dispuesta a perseguir sus
sueños, a la que apreciamos y conocemos cada vez más con sus desaciertos y
pequeños grandes triunfos. Por eso verla en un entorno radicalmente diferente y
con otro temple, sorprende y resulta más refrescante que chocante.
En una serie
imprevista y poco anticipada como Top of the Lake, Elissabeth Moss adopta otro porte y se convierte en Robin, una mujer
muy diferente a la que nos cautivó. Una perspicaz detective que ejerce su labor
como un aparente “ángel vengador”. Firme, audaz y silenciosa.
Como una agente
especializada en casos infantiles, Robin regresa a su ciudad natal donde le
corresponderá investigar un nuevo caso: la desaparición de Liu, una joven de doce años
presunta víctima de violación e hija de uno de los delincuentes más notables
del pequeño poblado, decadente y frío.
Ya la gran
agencia no está. Ahora el ambiente protagonista es denso y sombrío, uno que
recuerda mucho (tal vez demasiado) a The Killing y Twin Peaks porque casualmente
se ajusta perfectamente a sus historias que también guardan en
común a las jóvenes asesinadas en pueblos tristes y extraños.
Pero a pesar de
que este murder mystery drama no es
innovador, atrapa. Al ser una coproducción norteamericana, británica y australiana trasmitida por cadenas como Sundance Channel, UKTV y BBC Two se nota que es una miniserie que no se siente
comprometida con las grandes audiencias y que tiene muy clara su propia
personalidad, fondo e intención. Por eso se ajustó a la dirección de Jane Campion e intentó otorgar el protagónico a Anna Paquin, pero al rechazarlo por su embarazo le permitió a Moss tomar el papel donde se convierte en una mujer imperturbable y alejada de la Peggy Olson de siempre, demostrando que puede ajustarse a un personaje denso que no estuvo pensando para ella.
Su
representación atrae e irrumpe como el respiro de lógica en un entorno lleno de
personajes pintorescos como una cofradía feminista que hace vida a orillas del
lago, un equipo policial indiferente al crimen y unos habitantes evidentemente
dañados. Todo se conjuga en la promesa de una Robin navegando en un misterio
turbio, decorado con tonos opacos y fríos escenarios neozelandeses que derrochan
la amargura necesaria para crear el clima ideal para la realidad
perturbadora que se oculta en las aparentemente pacíficas montañas que bordean
el gran lago del pueblo.
Inesperado: el
misterio de Top of the Lake es otra
de esas sorpresas de temporada. Es otra premisa envolvente, un trabajo técnico diferente
y el placer de ver a una protagonista revelarse multifacética.