El asunto no es
si el regreso de Game of Thrones fue
grandioso o si el final de The Walking
Dead una decepción. El asunto es que ambos dramas fantásticos por primera
vez se enfrentaron en un duelo televisivo de proporciones épicas al
transmitirse el mismo día, a la misma hora.
Cuando se
anunciaron la fecha de estreno y culminación de cada una de estas series fue
imposible no vaticinar uno de esos típicos duelos de “quién la tiene más
grande” entre AMC y HBO, las cadenas que las transmiten. Además, cada programa
arrastra frenéticas y fieles fanaticadas que prometían logran buenos números de
audiencia.
El choque entre
dos fenómenos culturales midiéndose en la misma franja horaria era anticipado y
trajo como resultado un hito importante a considerar. The Walking Dead se despidió con más de 12 millones de espectadores
y Game of Thrones comenzó su nuevo ciclo
atrayendo a más de 4 millones, un número que se duplica cuando se le suman las transmisiones
en diferido y las vistas en el servicio online de la cadena. En total, ambas
rompieron records para sus canales, alcanzando puntos históricos de rating.
Dos números
gruesos para canales de cable, uno regular y otro premium (de paga), que aún comparándolos son bastante gratificantes
para ambos. A eso sumándole que The
History Channel presentaba el mismo día el final de su exitosa miniserie The Bible con 11 millones de
espectadores, en total, tres cadenas de cable atraparon a más de 30 millones de
personas frente a sus televisores.
Una cifra
abrumadora para producciones ambiciosas que no sólo sirvió para dibujar sonrisas
en los ejecutivos de las cadenas, sino para demostrar el poderío de los canales
de cable norteamericanos ante las networks
que apenas sobrepasaron los 5 millones. En la lucha entre dragones y zombis
sólo hay un ganador: los canales de cable que sólo dejaron las sobras para los
canales de televisión abierta; una estocada más a sus programaciones y producciones
de calidad tambaleante y otra advertencia de que ahora hay un público más
exigente, o bien, más decido a otorgar su tiempo al mejor postor y no al mero
entretenimiento.