abril 03, 2013

El duelo entre zombis y dragones


El asunto no es si el regreso de Game of Thrones fue grandioso o si el final de The Walking Dead una decepción. El asunto es que ambos dramas fantásticos por primera vez se enfrentaron en un duelo televisivo de proporciones épicas al transmitirse el mismo día, a la misma hora.

Cuando se anunciaron la fecha de estreno y culminación de cada una de estas series fue imposible no vaticinar uno de esos típicos duelos de “quién la tiene más grande” entre AMC y HBO, las cadenas que las transmiten. Además, cada programa arrastra frenéticas y fieles fanaticadas que prometían logran buenos números de audiencia.

El choque entre dos fenómenos culturales midiéndose en la misma franja horaria era anticipado y trajo como resultado un hito importante a considerar. The Walking Dead se despidió con más de 12 millones de espectadores y Game of Thrones comenzó su nuevo ciclo atrayendo a más de 4 millones, un número que se duplica cuando se le suman las transmisiones en diferido y las vistas en el servicio online de la cadena. En total, ambas rompieron records para sus canales, alcanzando puntos históricos de rating.

Dos números gruesos para canales de cable, uno regular y otro premium (de paga), que aún comparándolos son bastante gratificantes para ambos. A eso sumándole que The History Channel presentaba el mismo día el final de su exitosa miniserie The Bible con 11 millones de espectadores, en total, tres cadenas de cable atraparon a más de 30 millones de personas frente a sus televisores.

Una cifra abrumadora para producciones ambiciosas que no sólo sirvió para dibujar sonrisas en los ejecutivos de las cadenas, sino para demostrar el poderío de los canales de cable norteamericanos ante las networks que apenas sobrepasaron los 5 millones. En la lucha entre dragones y zombis sólo hay un ganador: los canales de cable que sólo dejaron las sobras para los canales de televisión abierta; una estocada más a sus programaciones y producciones de calidad tambaleante y otra advertencia de que ahora hay un público más exigente, o bien, más decido a otorgar su tiempo al mejor postor y no al mero entretenimiento.