
The Amazing Race es uno de
los pocos programas de telerealidad que aporta mucho más que drama y peleas de
gatas. Es un verdadero recorrido por diferentes escenarios naturales y
culturales que invitan a descubrir el mundo de manera entretenida. Pero así
como es reflejo de lo bueno de la realidad, también lo es para lo peor de la
misma.
El más reciente
ejemplo ocurrió durante su 22da temporada cuando para continuar con su
recorrido los equipos tuvieron que viajar a Vietnam, un país con el que Estados
Unidos tiene una historia delicada que involucra una guerra asimétrica que dejó
un saldo aproximado de 60.000 norteamericanos caídos. Un trasfondo político y
cultural que sirve como el condimento perfecto para que un programa de
televisión estadounidense despierte la controversia.
En los retos de
ese tramo de la carrera los equipos se enfrentaron a dos escenarios. El
primero, un teatro donde debían escuchar a un grupo de jóvenes afiliados al
Partido Comunista de Vietnam cantar un himno que vanagloriaba las bondades del
socialismo y su país. Más adelante, los equipos tendrían que buscar una pista
con el B-52 Memorial como fondo, un espacio conmemorativo de la guerra que
resguarda los restos de un helicóptero B-52 caído, perteneciente al ejército
norteamericano.
Era un recorrido
inevitablemente plagado de indicadores de la guerra y de la ideología de un país comunista: la
antítesis y amenaza por excelencia del american
lifestyle. Indicio suficiente para encender las alarmas de los radicales
que en tan sólo días acusaron a la CBS de tratar de implantar ideales
comunistas a las familias estadounidenses y de ofender a los veteranos de
guerra al mostrar de manera “superflua” el helicóptero caído. En cadenas
abiertamente republicanas como FOX, el tema dio para ratos. En sus programas de
opinión y varios foros online se
tildó a los productores del show de insolentes e idiotas que desaprovecharon la
oportunidad de instruir a su público con algo de historia (desde el punto de
vista norteamericano, claro está).
El
sobredimensionado sólo sirvió para dejar en evidencia una preocupante
intolerancia estadounidense a todo lo que sea diferente a su realidad, aún
cuando la esencia de The Amazing Race
siempre ha sido el presentar otras culturas, entornos e ideologías distintas a
las de nuestra cotidianidad (o a la norteamericana en este caso). Pero ante un
fanatismo nacionalista como el de Estados Unidos, a veces estas demostraciones
se convierten en una ofensa que manifiesta su carencia de tolerancia a las
diferentes formas de pensar.
El objetivo
explícito de un reality show es el de
entretener a través de lo real. Estos no tienen (ni tendrán) el compromiso de
educar o instruir a sus espectadores. The
Amazing Race lo hace con frecuencia porque forma parte de su concepto y
atractivo, pero bien podría carecer de todos los adornos culturales que utiliza
y presentar parejas corriendo y sudando en pruebas físicas hasta llegar a una
meta y sería básicamente lo mismo. Pero
no lo hace y es por eso que es tan valioso su aporte al género, porque da para
hablar, debatir y despertar el interés en temas como el comunismo y los reality shows, al mismo tiempo.