octubre 23, 2012

¿Por qué no enciende Revolution?


La nueva ficción de J.J. Abrams (Lost, Fringe) y Eric Kripke (Supernatural) cumplió con las expectativas de no ser gran cosa. De hecho, parece ser otra decepción que recuerda vagamente a ese intento malogrado que fue The Event.

La premisa es ambiciosa: nos encontramos en un mundo caótico donde no hay gobiernos ni ley desde que toda la energía eléctrica desapareció repentinamente del planeta, dejando a todos sin teléfonos, televisores, vehículos, computadoras o cualquier tipo de dispositivo electrónico. La ausencia de orden generó la proliferación de caudillos y milicias que intimidan y someten a la gente que abandonó las ciudades para establecerse en villas. Se trata de un épico relato de ciencia ficción que juega con la figura del Estado, la sociedad, sobrevivencia y las más viscerales ambiciones del ser humano.

Así que no puede decirse que su historia no es interesante y que tiene potencial. Lástima que falte algo para termine por convertirla en algo verdaderamente atractivo.

Tal vez en ese desesperado anhelo de las cadenas (y precisamente de la NBC) de crear “la nueva Lost” al producir series basadas en eventos apoteósicos, se olvidan de lo que realmente terminó haciendo atrayente la historia de los perdidos: los personajes.

Aunque pueda ser injusto evaluar Revolution por algo intrínseco de sus actores, es imposible ignorar que el carisma de los personajes brilla por su ausencia. Tanto que no afectaría ver como matan a cualquiera de los personajes principales de repente porque simplemente… no importan. No interesan.

Miles, el rebelde sabelotodo (Billy Burke) y Charlie, la adolescente malcriada pero luchadora (Tracy Spiridakos) son los estereotípicos protagonistas carentes de matices que terminan por simplificar una trama que promete ser enrevesada, restándole mucho atractivo. La “aventura” en la serie comienza cuando un grupo emprende la búsqueda de un miembro de su villa secuestrado por la milicia. Se traza un punto de partida para un gran recorrido que pronto pierde toda esa atmósfera emocionante cuando los personajes deciden separarse demasiado pronto, desviando la atención prematuramente en varias historias, tomando decisiones tan impulsivas como irreales, dotándolos de incongruencia. Parece que esa fuese la intención de los guionistas al permitir que cada personaje vaya por su cuenta en un mundo sin reglas y que uno de los que cuenta con una de las mejores historia emotivas de trasfondo, muera después de tres episodios.

Aún así, no todo parece perdido. Al final de cada capitulo se enciende una esperanza atada a vertiginosos momentos de intriga. Si algo logra Revolution en sus torpes inicios es crear buenos cliffhangers que permiten mantener vivo el interés hasta su siguiente entrega. Pero de eso no se puede sobrevivir por mucho tiempo; esperar cuarenta minutos para ver algo que realmente valga la pena no es justo, ni entretenido.

Con varios episodios emitidos y audiencias decentes pero decadentes, Revolution consiguió luz verde para culminar su primera temporada. Pero aún está muy lejos de convertirse en algo más duradero, porque si sigue a este ritmo, corre el riesgo de apagar todo interés en su mundo.

octubre 19, 2012

Experimentando la paranoia norteamericana


Si algo nos engancha a una serie es el gusto por disfrutar de una buena historia, de descubrir interesantes personajes o que nos haga sentir varias emociones.

Con grandes historias es común experimentar reacciones como felicidad, tristeza o nostalgia durante su desarrollo. Pero hay sensaciones tan extremas que pocas historias logran desatar. Sentirlas es inusual y por eso disfrutarlas generan una muy peculiar satisfacción.

El miedo, la ansiedad y la paranoia son algunas de ellas. Son emociones poco gratas en la vida real, pero poder apreciarlas gracias a algo que nos mantiene lejos de peligros verdaderos, como lo puede hacer una ficción bien narrada, es algo que siempre se debe agradecer.

Si raras son estas sensaciones, pocas también son las ficciones televisivas que logran generarlas. Por eso Homeland siempre gozará del reconocimiento por ser una de esas pequeñas grandes subestimadas que logró remover las sensibilidades del espectador de manera vertiginosa y súbita.

Nadie esperaba que la historia personal de la agente Carrie Mathison y su obsesiva búsqueda de la verdad pudiera disparar los niveles de adrenalina y emotividad al verla correr por las calles de Beirut con un turbante. Más aún cuando Homeland es un seriado que concentra muy bien ese patriotismo norteamericano que no envuelve al público internacional tanto como al suyo propio.

La persecución de un fantasma terrorista que amenaza a los Estados Unidos con un ataque extremista parece ser un conflicto demasiado político, demasiado soberano de los norteamericanos como para despertar la misma exaltación en un espectador estadounidense y en uno que no lo es. Sin embargo, lo logra gracias a que es una historia con matices, con grises que esquivan lo político y llegan más a lo humano: un factor común sin importar la nacionalidad.

No sólo hay que agradecer a esta historia que es vertiginosa y emocionante per se. Gran mérito de esto lo tiene Claire Danes en la espléndida representación de la agente Carrie, quien logra conectar al personaje con el espectador y consigue transmitir con sus llantos, gritos y actos impulsivos esos sentimientos de frustración e incomprensión que la embargan.

Los últimos episodios de la galardonada primera temporada y los primeros de su segunda son la mejor prueba del desarrollo y evolución (o involución voluntaria) de su protagonista. Un personaje denso, atractivo, conflictivo, impredecible y a la vez empático. La poca peculiar historia de la heroína incomprendida y el espectador incapaz de defenderla.

Homeland definitivamente es grande por hacernos sentir más allá de lo mismo. Condimenta los momentos con intriga, los retuerce con ataques de histeria, los desata con giros que generan angustia y cuando llega la calma, la destroza disparando la frustración. Ninguna serie reciente ha logrado transmitir la paranoia gringa mejor que esta, haciéndola sentir más humana a través de una desequilibrada Carrie Mathison y a la vez, menos norteamericana.

octubre 12, 2012

La puntería de Arrow


Si algo le faltaba a la televisión norteamericana era un digno representante del universo de los superhéroes que tanto idolatran. Sobre todo luego del melodrama familiar que fue No Ordinary Family, la decepcionante decaída de Heroes y el patético intento de The Cape.

Afortunadamente The CW en su eterno intento por conquistar audiencia y por reenganchar a esa fanaticada que alimentó por años con Smallville, la ficción basada en Superman, terminó apostando por Arrow para esta temporada, otra serie basada en superhéroes que esta vez parece apuntar al objetivo correcto.

Basada en el personaje de Green Arrow del universo de DC Comics, Arrow presenta la historia de Oliver Queen, el hijo de un millonario al que creían muerto luego de un naufragio pero que sorprende a todos al regresar a su ciudad de origen cinco años después del accidente, luego de haber sobrevivido en una isla donde entrenó y se preparó para convertirse en un encapuchado que promete vigilar su ciudad con la precisión de su arco y flecha, luchando contra los criminales y la corrupción mientras intenta vengar la memoria de su padre.

Lo arriesgado es que de por sí la temática de los superhéroes no suele tomarse con seriedad. Basta con echar un vistazo a las últimas temporadas de Smallville para apreciar el disparate en lo que se convirtió. Por eso el acierto de Arrow es el de despejar el panorama de dramas adolescentes y posibles elementos que ridiculicen la historia, para definir desde su inicio un ambiente sombrío, serio y a la vez emocionante y lleno de pequeños guiños a otras ficciones a los que Lost ni Twilight pudieron escapar.

Sorprende que a pesar de ser una serie de The CW (la cadena norteamericana orientada a jóvenes por excelencia), luzca con un aura tan densa y personajes tan maduros para el canal,  pero sin dejar a un lado los pequeños estímulos para alborotar hormonas adolescentes, como el exhibir a Stephen Amell sin camisa de vez en cuando.

El piloto de Arrow es sorprendente a ratos como mínimo. Y en una temporada de estrenos algo mediocre, sin duda llega como una propuesta fresca y alentadora, que cuenta con la precisión de acertar con un elenco carismático, una propuesta de ciencia ficción seria y la promesa de ser una historia vertiginosa y lo suficientemente enrevesada para complacer al público adolescente y a aquel que no lo es tanto.

octubre 09, 2012

06 buenos momentos musicales de la televisión


Olvídense de Glee. Olvídense de Smash. El musical en la televisión no es algo nuevo. Muchas series han aportado sus canciones y bailes al género de forma memorable incluyéndolas en sus tramas de forma original, creativa y novedosa.

Desde clásicas canciones versionadas hasta temas originales, comedias y dramas han puesto a bailar y cantar a sus personajes para demostrar que hasta ellos pueden disfrutar de un buen musical sin importar en la circunstancia en la que estén... Y de tantos, aquí están sólo unos seis que vale la pena recordar.