enero 11, 2013

The Beauty Inside: El amor tiene muchas caras


No puede ignorarse. La televisión y su formato seriado también se han venido ajustando a las exigencias modernas de las computadoras e Internet. Por eso en el mundo del entretenimiento no hay que dejar pasar desapercibidas propuestas como los web shows: series que se transmiten únicamente en línea porque son ideas e historias que no cuentan con el apoyo de grandes cadenas televisivas y optan por desarrollarse en Internet, donde todo es más económico, accesible y mucho más interactivo.

Pero por estas razones también abundan web shows de poca calidad. La accesibilidad plaga la red de propuestas que pueden pecar de aficionadas y no terminan por presentar algo sólido, realmente disfrutable. Por eso, es muy refrescante encontrar propuestas tan originales como The Beauty Inside.

Creativa es la mejor palabra para definir a esta serie, que con tan sólo seis episodios cuenta una breve historia que en su sencillez guarda cierta belleza.

Lo curioso del proyecto es que trata de una experiencia financiada por Toshiba para presentar uno de sus computadores personales. Todo es el resultado de una estrategia publicitaria que termina por regalarnos un relato que vale la pena disfrutar.

Aquí el aspecto publicitario no estorba, porque el producto: la computadora, no es más que un personaje más, indispensable para que la trama se desarrolle con cierta coherencia y fluidez.

También es fascinante que la mayoría de los actores involucrados son desconocidos (con un par de excepciones) y varios resultan ser personas comunes y corrientes que audicionaron para el papel (protagónico) de Alex, enviando su actuación como un vídeo casero a través de la página de Facebook de la iniciativa.

El resultado es un protagonista con muchos rostros porque su historia es tan fantástica como inquietante, pues día tras día Alex es una persona distinta, cada mañana luce un cuerpo y aspecto diferentes pero su personalidad sigue siendo la misma.

A pesar de lo insólito que parece su trama, la serie no necesita de grandes efectos especiales y trucos de cámara para desarrollarse, haciendo honor a su nombre porque lo que realmente destaca es su esencia.

The Beauty Inside es una pequeña historia que invita a reflexionar en uno mismo, sin siquiera proponérselo. Es sencilla, rápida y aún así intensa. Que ya por su ingeniosa premisa y por su naturaleza innovadora, vale la pena ver.

Todo comienza con el episodio "My name is Alex":



Y el resto de la serie puede verse en su canal de YouTube.

Y para descubrir más sobre su desarrollo, en su página de Facebook hay muchos más detalles e información.

enero 10, 2013

Wonderfalls: revisitando una maravilla


 “You can’t talk! You don’t have laringe!”

Nada mejor que volver a disfrutar de una historia para redescubrir su valor y apreciarla cada vez más.

Eso fue lo que me sucedió hace unas semanas cuando terminé de ver nuevamente Wonderfalls, una de las desafortunadas creaciones de Bryan Fuller, el creativo padre de historias cuyos futuros parecen marcados por la fatal cancelación.

Wonderfalls no pudo escapar de este destino (sólo sostuvo trece episodios antes de ser cancelada), pero aún así le fue imposible pasar desapercibida por arriesgarse en el 2002 a presentar una locura que refrescaría el género de la comedia y lo fantástico dándole vida al realismo mágico en la televisión.

Desde su estreno, fue vista con suspicacia por su premisa insensata: Jaye, interpretada por una insípidamente simpática Caroline Dhavernas, es una joven fracasada y graduada en filosofía que trabaja en una tienda de souvenirs frente a las cataratas del Niágara y que repentinamente comienza a recibir órdenes de objetos inanimados con formas de animales.


Peluches, dibujos y adornos empiezan a hablarle a Jaye para que haga cosas que desencadenarán una serie de eventos fortuitos que la convierten en una pieza fundamental para que la vida de muchas personas encuentre su cauce, mientras la suya se mantiene en un eterno limbo.

Se trata de un repertorio de historias creativas e ingeniosas donde los efectos especiales, la música original y un talentoso elenco (Diana Scarwid como la mamá de Jaye es memorable), se combinan para crear la atmósfera perfecta para la anti heroína que intenta resolver las situaciones con la ayuda de los consejos de objetos inanimados que ante nuestros ojos son carismáticos, llenos de personalidad, enigmáticos e irritantemente divertidos.


Wonderfalls fue atrevida, sobre todo al tratarse de un show que se ajustaba al ahora tan extraño formato de las comedias de una hora. Creó personajes y situaciones disparatas pero a la vez profundas y controvertidas que abrazaban temas como la homosexualidad y la religión de una manera tan ligera, que resulta más divertido que polémico.

Las desventuras de Jaye son una oda al absurdo y lo aleatorio, que siempre terminan con un toque humano y reconfortante que deja claro que después de todo, la locura tiene sentido. Como un preámbulo a esa magia que luego Fuller desarrollaría en la espectacular Pushing Daisies.

Lamentablemente su genialidad siempre fue irrespetada. Nada nuevo. Recibió un trato nefasto por FOX, la cadena responsable de su transmisión, al presentarla desordenadamente y dejando los últimos cuatro episodios de la temporada fuera del aire, impidiendo que realmente cultivara un público constante que le ayudara a mantenerse por más temporadas.

Por eso Wonderfalls terminó siendo otra serie de culto, incomprendida para su tiempo. Porque actualmente se mantienen al aire verdaderos disparates, demasiado fantásticos como ridículos, por los que Wonderfalls se hubiese podido colar y realmente destacar, pues tiene mucho más ingenio y mucha más sustancia. Tal vez sólo fue demasiado adelantada en su momento, uno tan obtuso como para no apreciar a un grupo de animales que hablan y crean bonitos recuerdos en el Niágara.

enero 09, 2013

Los límites de Ryan Murphy


Cuando Ryan Murphy creó Nip/Tuck, uno ya podía ver indicios de lo que gusta ser: irreverente, controvertido y hasta innecesariamente radical. Los temas con los que gusta sazonar sus creaciones suelen ser de esos que incomodan o generan polémica;  táctica válida y arriesgada para contar una historia que le ha funcionado para labrarse un nombre y lograr tener un proyecto distinto en tres cadenas norteamericanas... al mismo tiempo.

Sin duda, el más sólido de todos ha sido American Horror Story, el drama sobrenatural que resulta tan morboso como entretenido y que se le ha dado muy bien a Murphy porque ha podido construir y definir personajes rápidamente, establecer tramas interesantes y levantar curiosidad en muchos aspectos de la historia.

También gracias a la producción y la cuidada estética, el show se ha convertido en un entretenido programa que se mantiene consistente a diferencia de los otros proyectos de Ryan, por lo que todo parece indicar que al señor polémica le favorecen los límites de tiempo. Pues sucede que American Horror Story se ha ajustado al formato de miniserie, por lo que está obligada a desarrollarse por completo en trece episodios y nada más. La primera temporada tuvo un cierre redondo que complació a muchos y la segunda también promete lo mismo. De esta manera Ryan se ve forzado a no divagar, a no inventarse nuevos e innecesarios personajes y mucho menos tramas polémicas sin razón, algo a los que nos tiene más que acostumbrados.

Por eso Nip/Tuck comenzó a lo grande y lamentablemente terminó hecha añicos: saturó a sus personajes con situaciones exageradas y ya en las últimas temporadas todo parecía un gran sinsentido que ofrecía puras excusas para presentar una que otra perversión sexual o psicopatía. Lo mismo le pasó con Glee. Ya comentaba como terminó por desviarse al querer contar mucho demasiado rápido y al crear escenarios perfectos para justificar temas y canciones forzadas para la trama.

Lo común es que se vea abrumado de ideas que termina decantando rápidamente en lo que está creando, dando como resultado que sus shows se transformen en un absurdo a lo grande y que sus personajes pierdan todo rumbo. Pero American Horror Story ha tenido la suerte de no terminar así, los límites de tiempo y de episodios le han favorecido y han contenido ese monstruo murphystico obligándolo a centrarse en lo que de verdad importa. Para que Ryan Murphy no se desborde hay que ponerle límites, que estos le sientan bastante bien.