agosto 28, 2013

Todos somos malvados

Alguien alguna vez me dijo que el hombre era un ser malvado por naturaleza y que sólo necesitaba las herramientas necesarias para demostrarlo. La teoría, en su momento sonaba coherente, pero luego de ver hasta donde ha llegado Breaking Bad, ahora parece correcta.

Walter White: padre de familia de clase media, profesor de química de secundaria, callado y conservador se convirtió en menos de un año en un ser despiadado y maquiavélico. Todo lo que vivió en ese periodo de tiempo terminó por desvelar una maldad que parecía oculta y atrapada en las convenciones sociales y la rutina de un hombre cotidiano. Este hombre tan corriente que nunca tuvo la necesidad de revelar ese “lado malvado” porque su entorno no se lo exigía, hasta que fue diagnosticado con cáncer y la inesperada noticia puso todo en movimiento.

Walter vio en la amenaza de muerte lo poco que había dejado a su familia en vida y decidió emprender un camino ilegal para forjarse una fortuna rápida que asegurara el futuro para los suyos. Fue la muerte lo que lo impulsó a dar el primer paso infame y desesperado: usar su conocimiento sobre química para cocinar metanfetaminas y contribuir con su venta y distribución.

Y como no podía ser de otra manera, esto trajo conflictos con traficantes, amenazas de captura, persecuciones y problemas personales que lo obligaron a tomar decisiones extremas y apresuradas, endureciéndolo y convirtiéndolo en una persona cada vez más volátil, como excusando su comportamiento por las situaciones extremas que le tocaba vivir.

Pero el auténtico lado malvado de Walter White se revela cuando comete sus peores crímenes sin estar bajo la amenaza del cáncer, porque meses después de su fatal diagnóstico es notificado de que su enfermedad se ha ido y con ella la excusa para ser un criminal.

Pero su ambición había despertado y en una condición saludable es cuando hace lo peor: se convierte en cómplice de asesinatos, asesino a sangre fría y en el hombre que aprueba sin remordimiento el envenenamiento y muerte de niños inocentes, porque ya las condiciones eran perfectas para permitirle actuar de esta forma. El hombre aburrido y común, se vio amenazado por una enfermedad terminal, Tuco, la novia gótica de Jesse, los hermanos Salamanca, El Cartel, el Señor Pollo… y ante todos tuvo que actuar. Era tomar el camino correcto pero fatal o el camino vil que le permitiría vivir más. Podría Walter ser una víctima de las circunstancias, obligado por su entorno a escoger la peor vía. Y aunque tuvo opciones nobles para elegir, no resultaban tan atractivas al tener las herramientas y la sensación de poder tan cercanas. Por eso Walter es el experimento y prueba de que ante las circunstancias adecuadas, los instrumentos a disposición y el escenario correcto, cualquiera puede ser malvado.

Es una conclusión desalentadora pero tampoco tan firme. Sobre todo después de ver cómo Jesse, el compañero inseparable del señor White, parece haber encontrado su humanidad y conciencia luego de haber vivido escenarios y amenazas similares a pesar de sus antecedentes mucho más decadentes e inmorales que los de su mentor. Es una ironía que Breaking Bad deja al aire, como tratando de decirnos que entre tanta maldad inherente, también hay un poco de esperanza.

Asesinando el clímax

Desde que Dexter comenzó nos mantuvo persiguiendo temporada tras temporada lo que sería el mayor de sus clímax: la revelación a la policía o a algún personaje importante de que Dexter Morgan es un asesino serial.

Ese momento prometía ser uno de los más importantes de la serie por significar un giro drástico en la trama, el fin del anti-héroe o una intrincada y filosófica discusión entre personajes. El descubrimiento del mayor secreto del protagonista prometía ser sin lugar a dudas el detonante de algo grandioso.

Tuvimos que esperar seis años hasta que el momento llegó y el Oscuro Pasajero quedó al descubierto en su séptima temporada ante Debra, la hermanastra de Dexter y su familiar más cercano. Y el resultado que esperábamos fuera increíble, no pudo ser más decepcionante...



Después de la gran revelación no hubo histeria, ni consecuencias, ni grandes debates morales. La cosa no resultó ser tan mala después de todo y la serie mantuvo un ritmo tranquilo para lo que significaba semejante secreto: el protagonista fue por años un asesino serial que trabaja en el seno del cuerpo policial. Debra, su hermana y jefa del MISMO departamento de policía, sufrió de unos pasajeros ataques de inquietud mientras Dexter se sintió trastocado en un principio, pero luego todo fluyó como poca cosa. Todo esto dejó a entender que tal vez si hubiesen puesto en evidencia a Dexter en temporadas pasadas tampoco hubiese significado tanto. Pero resulta que sí.

Uno como espectador también se cansa de perseguir el momento prometido por la serie que sigue. Cuando un clímax se ofrece es de sabios presentarlo oportunamente, porque para luego es tarde. Y para Dexter fue tardísimo.

Ese momento cumbre se infló temporadas atrás pero no se le permitió explotar a tiempo. Ahora, la revelación del secreto más trascendental no fue tan impactante ni provocador como lo hubiese sido antes, y perdió toda su tensión por hacerse esperar demasiado.

En retrospectiva, es lamentable que tramas como el enfrentamiento con Trinity y su fatal desenlace resultaran mucho más estimulantes por tener un impacto radical al sorprendernos con un giro de trama que, de verdad, cambió todo en la serie.

La base de toda la intriga de Dexter era que la identidad de su protagonista debía permanecer en secreto porque al desvelarse la verdad traería consigo un desenlace impactante. Pero sucede que ese momento clímax que estábamos esperando desde hace mucho ocurrió sin significar el fin del mundo ni nada parecido. Sino que se trató de un cliffhanger más para un final de temporada, jugando con algo que perseguimos durante años. Y con esas cosas no se juega, porque el interés se esfuma rápido y el gusto por la serie muere. 

Skins Pure: manteniendo la inocencia


La segunda parte de la temporada final de Skins fue dedicada a uno de los personajes más apreciados de todas sus tramas: Cassie. Cuando se despidió de nosotros en la segunda temporada de la serie, era una chica ingenua e insegura que logró alejarse de sus problemas aventurándose en Nueva York, la ciudad de oportunidades. Pero en Pure chocamos nuevamente con la realidad y nos reencontramos con ella en una situación muy distinta a la esperanzadora despedida pasada.

Cassie de nuevo está sola, en Londres y trabajando como camarera. Los años de aparente liberación no hicieron demasiado y terminaron por regresarla a una rutina sin pena, ni gloria. Las sonrisas y alegrías juveniles están ausentes y todo parece anunciar que los finales felices en realidad sólo son temporales.

Pure se toma su tiempo para volver a presentarnos a su personaje estrella con silencios significativos, secuencias reveladoras y música que proyecta lo que siente. Nos reintroduce en su mundo ahora gris y repetitivo hasta ratificarnos que, después de todo, regresamos a la decadencia.

Pero como antes, Cassie corre con la suerte de contar con personas a su alrededor que aprecian su personalidad, talento y verdadera belleza. Esta vez es Jakob, un típico stalker pero talentoso fotógrafo que la retrata a escondidas para publicar sus fotos en un blog personal, donde termina convirtiendo a su modelo secreta en una sensación de Internet, permitiéndole brillar de nuevo ante todos y encender la esperanza de un mejor futuro. Uno feliz y merecido.

Varias cosas podrían comentarse sobre todo lo que sucede entre tantas fotos, secretos y promesas de éxito repentino: el amorío entre Cassie y el rumano, la distante y a la vez profunda relación con su padre y hermano o su ingenua incursión en el mundo de la moda. Pero al parecer poco de esto importa porque al final poco cambia su realidad. Todo termina casi donde comenzamos, estancados. Todo se convierte en una anécdota más.

En Pure recorremos una época más en la vida de Cassie. No definitiva (como la Effy), ni trascendental. No revela otra de sus facetas y ni siquiera se asoma a su pasado (porque con temor intenta contarnos lo que pasó entre ella y Sid,  pero tan sólo se acerca el tema tímidamente sin dejar ver nada).

A diferencia de Fire, la segunda entrega de Skins es un acercamiento más íntimo. Un trayecto introspectivo lleno de tropiezos y desalentador. Cassie mantiene su inocencia y sus inseguridades, como si poco hubiese sucedido. Ni siquiera parece una despedida o un reencuentro, sino un temeroso vistazo a su vida. Tal vez sea lamentable por su insignificancia, pero es grata al ser tan personal y cotidiana entre la nada. 

agosto 02, 2013

06 series para ver después de morir


¿Puede contarnos la televisión lo que ocurre después de la muerte? Lo común es que las series retraten la vida y sus constantes ciclos desde diferentes perspectivas. También muchas se lucen en retratar lo sombrío de la muerte con entretenidos procedimentales y llamativos asesinos seriales. Pero explorar más allá de eso es una tarea bastante osada.

Pocas series se han atrevido a tocar el tema de la vida después de la muerte. Pero las escasas veces que lo ha intentado lo ha hecho de forma tan ingeniosa que, desde mi punto de vista, ganan mérito por su esfuerzo. Y con ello, cierta obligación a ser vistas por su originalidad.

De esas pocas opciones hay seis modernas indispensables para indagar y descubrir lo que esconde el final de la vida. Son historias que convierten a la televisión en algo más que una ventana para la ficción, sino en un verdadero portal hacia lo desconocido. 

10 razones para amar a los Lannister


Odiar a los Lannister es muy mainstream. Después de todo lo hecho por esta familia en Game of Thrones lo más común es despreciarla desde lo más profundo de nuestro ser. Pero no todo puede ser tan blanco y negro. 

Particularmente creo que los Lannister son un linaje incomprendido. Como todo, ellos también tienen su lado bueno. Y así como hay muchas razones para odiarlos, hay al menos diez para apreciarlos y quererlos.

  1. A nadie le gustan los deudores, y los Lannister siempre pagan sus deudas. 

  2. Son ricos. 

  3. Creen en el amor incondicional. Porque para el amor no edad, estatura, ni lazo de sangre que valga. 

  4. No hay como las fiestas de amigas con Cersei para escuchar sus sabios consejos de mujer

  5. Cuando los hermanos no están, siempre puedes contar con los primos. 

  6. Tienen fuego verde y el fuego verde es genial. Nadie más tiene fuego verde. 

  7. Tyrion Lannister. 

  8. Cuando necesites una mano amiga, Jaime Lannister siempre podrá darte la suya


  9. Y porque pueden cachetear a Joffrey Baratheon cuando quieran, otra vez.