noviembre 29, 2012

Guía básica para el vengador joven


Si algo han traído las dos recientes temporadas de estrenos a la televisión ha sido venganza. Primero con Revenge, la inesperada que llegó sorprendiendo a muchos y luego Arrow, la anticipada que no defraudó después de su estreno.

Ya sea en formato de culebrón o de serie de acción, ambas tienen sus premisas bien claras: los dos protagonistas buscan llevar a cabo su venganza cueste lo que cueste. Amanda Clarke en Revenge intenta destruir a la familia Greyson y limpiar el nombre de su padre mientras que en Arrow, Oliver Queen no sólo quiere limpiar el nombre de su padre sino el de toda su ciudad.

Ambos son jóvenes, sexys y adinerados. Cualquiera diría que estarían disfrutando de los beneficios de su juventud y su fortuna y no tratando de de llevar a cabo aparatosos planes, porque… ¿quién siendo tan joven podría hacerlo?

Por eso no es tan descabellado preguntarse ¿cómo pudieron prepararse dos jóvenes veinteañeros para llevar a cabo sus grandes venganzas? Y la respuesta es más sencilla de lo que parece. Sólo se necesita lo siguiente:

noviembre 23, 2012

Zombies, vampiros y dragones


Por lo visto en las pantallas de la televisión hoy en día, al parecer los espectadores estamos más hambrientos de fantasía que nunca.

Antes, ver a un vampiro o una criatura mitológica en televisión era como encontrar una aguja en un pajar. Buffy o las Hechiceras eran pocas de las opciones que nos permitían ver seres fantásticos compartir con sus personajes en poco convencionales historias.

Pero ahora, casi cada cadena televisiva norteamericana cuenta con una o dos propuestas tan fantásticas que parece mentira: HBO tiene a los vampiros de True Blood y los dragones de Game of Thrones, AMC siembra la incertidumbre con su apocalipsis zombie en The Walking Dead, The CW tiene otros succionadores de sangre en The Vampire Diaries, Supernatural y la bestia de The Beauty and The Beast, NBC cuenta con la fantasía de Grimm y su costoso intento de revivir a Los Munsters y ABC también tiene dragones y gigantes en Once Upon a Time y uno que otro fantasma en la ya cancelada 666 Park Avenue.

Y es extraño. Porque el género de fantasía a pesar de estar tan ligado a la ciencia ficción, no es tan apreciado. Incluso la Academia de Artes y Ciencia de la Televisión (esa que entrega los Emmys) parece considerar a las series de esa clase como de una categoría menor.  Por eso les cuesta tanto premiarlas o incluso nominarlas.

El público puede que pensara igual. Sólo basta con ver la cantidad de propuestas fantásticas antes y ahora. Algo parecido ocurrió hace un par de años con los procedimentales policíacos cuando eran los hits de las temporadas y ahora son sólo una opción obligada en la parrilla de programación. Lo mismo puede estar ocurriendo con las series de fantasía.

Lo curioso es que el género a sabido moldearse muy bien tanto el drama como a la comedia (aunque True Blood parezca a veces un mal chiste), para elevar su categoría a algo más que una historia de aventuras y travesías.  Hay historias de amor y poder, maldiciones que son limitaciones y seres fantásticos que se dotan de humanidad.

Los zombies plantean dilemas a Rick y a sus compañeros sobre la vida, la muerte y el presente, los vampiros se enamoran intensamente enfrentando el conflicto de vivir una vida eterna junto a un amor mortal y los dragones de Daenerys Targaryen, nuestra Khaleesi, crecen mientras ella planea su retorno al poder. La fantasía ya no parece ser tan sosa ahora que la TV se asemeja más a una verdadera caja de Pandora, donde cualquier monstruo puede aparecer cuando se enciende.

noviembre 22, 2012

El lado bueno de la realidad


Cuando la televisión se plagó de reality shows, no fue tarea difícil calificar al género como una basura banal de poco contenido y mucho drama sobreactuado, porque es algo no muy lejos de lo cierto.

Pero el género tan versátil también tiene un lado verdaderamente valioso, uno más humano y revelador.

The Amazing Race es uno de esos realities que regala ocasionalmente momentos espontáneos, gratos de disfrutar. Se trata de una carrera alrededor del mundo en la que varias parejas deben enfrentar ciertas pruebas con características del país donde se encuentren para poder avanzar en el recorrido y llegar a la meta. La última pareja en llegar es eliminada y el resto continúa en la siguiente etapa.

Como toda competencia, cuenta con sus dramas y riñas entre equipos y parejas, pero son momentos que nutren algo mayor: un largo camino por lugares exóticos y modernos, una pequeña muestra de diferentes civilizaciones y un poco de cultura general.

Cada ciclo tiene ese momento que te hace pensar en que la filantropía es el camino. Como una reciente muestra, en su 21era temporada, una de las parejas participantes perdió su fajo de dinero durante el recorrido (a las parejas se les otorga una limitada cantidad de dólares en cada etapa), impidiéndoles pagar transporte para movilizarse y avanzar, por lo que se vieron obligados a pedir limosna en una de las zonas más pobres de la ciudad de Daca en Bangladesh, donde personas muy humildes aupaban a los equipos en sus tareas. La grata sorpresa es que los lugareños acudieron a la ayuda de la pareja en problemas otorgándoles el dinero suficiente que necesitaban para abordar un taxi y continuar la carrera, justificando su aporte con un muy modesto pero humano “this is my country, you’re my guess”.

Tal vez parezcan pequeños detalles, pero al congregarlos enriquecen mucho la experiencia televisiva; ver el mejor lado de la humanidad en la realidad puede llegar a ser más refrescante y sorprendente que verlo en una ficción.

Pero The Amazing Race no sólo ofrece esas pequeñas experiencias, también nos permite ver la evolución (o destrucción) de la relación de las parejas participantes durante la exigente carrera, lo cual puede resultar trivial pero, ¿no es acaso lo que hacemos cuando vemos cómo evolucionan los personajes de una serie convencional?

Despreciar al género del reality show es injusto cuando sólo se mira la verdadera basura producida por cadenas como MTV. Pero hay shows que merecen la oportunidad de ser vistos, porque no sólo tienen algo que mostrar, sino algo que contar y compartir. Porque también hay que saber apreciar las pequeñas historias que ofrece la realidad.

noviembre 14, 2012

Las nuevas dos caras de la moneda

Esta entrada contiene spoilers del 5to episodio de la 3ra temporada de The Walking Dead

Cuando vimos el último suspiro de Lori Crimes, nunca habíamos estado tan felices de ver morir a alguien. Por eso los zombies volvieron a lo grande en esta  tercera temporada de The Walking Dead, aunque luego de una segunda casi decepcionante, no lo tenían tan difícil.

Personajes mucho más maduros y dilemas verdaderamente profundos son dos de las cosas que han despertado el interés en este nuevo ciclo de la ficción post-apocalíptica, además de  una de las muertes más gratificantes hasta ahora, claro está.

Pero no todo tiene que ver con el grupo de sobrevivientes que ya conocernos. Nos hemos nutrido mucho de ellos como para estar ya satisfechos, por eso hay que atender a los dos nuevos personajes más imponentes que se han presentado en esta nueva temporada: El Gobernador y Michonne llegaron a la trama generando un gran impacto y despertando una tremenda rivalidad para mostrarnos las dos caras de una moneda en esta nueva realidad.

Michonne, quien ha resultado algo desilusionante porque no ha dicho más de tres palabras desde su aparición y porque Danai Gurira no le da demasiada vida al personaje con sus  intentos de expresiones, nos ha dejado bien clara su posición hasta ahora a pesar de todo: sobrevivir a los muertos, temerle a los vivos.

Tras mantener a dos presuntos seres queridos como zombies (quitándoles la mandíbula y los brazos) para camuflarse junto a ellos y sobrevivir durante ocho meses, no dudó en cortarles la cabeza para intentar permanecer en el anonimato. Michonne logró suprimir los sentimentalismos y sobreponer su instinto de sobrevivencia sobre cualquier otra cosa, así eso le convierta en una muda paranoica.

Por otra parte, El Gobernador se muestra mucho más optimista con la vida en su pequeño nuevo mundo. Con suerte, ha logrado establecer una modesta sociedad bajo sus reglas y creencias, dándole esperanza a las personas a su alrededor, mientras experimenta y juega con los muertos vivientes a sus espaldas. El Gobernador mantiene con vida a algunos zombies por los lazos sentimentales que mantuvo con ellos cuando estos no deseaban comer gente, sobreponiendo sus intereses sobre los de la comunidad.

Michonne es fría, desapegada pero con deseos de sobrevivir. El Gobernador en cambio es gentil, optimista pero con intereses tan propios que pone en riesgo la sobrevivencia de los demás. El choque de personalidades era inminente: en un principio ambos mantienen con vida a sus muertos queridos, pero sus rumbos y visiones son muy distintas.

Por eso The Walking Dead encuentra su modesta grandeza no en los efectos especiales que permiten a los muertos andar, sino en estos dilemas existenciales que presenta, una dualidad constante que ponen en la balanza la vida y la muerte: sobrevivencia contra individualismo, independencia contra poder…

Su duplicidad está en todo. Vamos, que ver a El Gobernador peinando el cabello de su hija fue un momento tan hermoso como inquietante.

noviembre 08, 2012

La plaga de los flashbacks


Desde que Lost demostró que se podía contar una historia desde su pasado, presente y futuro, la ficción norteamericana comenzó a sufrir de una plaga difícil de exterminar: tramas contadas a través de flashbacks.

Viajar en el tiempo no es cosa sencilla y asimilarlo no fue algo fácil. Cuando Lost basó su formato narrativo en saltos en el tiempo que mostraban lo sucedido en el pasado de cada personaje para comprender mejor su presente, desató una revolución televisiva sin desearlo. La audiencia comenzó a familiarizarse con términos como líneas temporales, agujeros de gusano y flashbacks, demostrando un interés por desmarañar todo lo que se le mostrara.

Desde entonces no han parado de aparece programas que intentan contar todo “de atrás para adelante”, con esa intención de volver a atrapar a un grupo curioso que quiera indagar en su tiempo.

noviembre 01, 2012

Cada historia es un mundo

Esta entrada contiene spoilers del 4to y 5to episodio de la 2da temporada de Once Upon a Time.
Once Upon a Time ya se ha consolidado en los Estados Unidos como el drama en televisión abierta más visto los domingos. Un show familiar que ha logrado cautivar a millones de espectadores a pesar de su apariencia infantil y llena de cursilerías que esconde una trama densa, tal vez no tan apropiada para toda la familia debido a su inesperada complejidad.

Lo que comenzó como una inocente mezcla entre los cuentos de hadas y la realidad se ha convertido en una mezcolanza de personajes y tramas de la cultura popular que ya no sólo buscan entretener sino también retar al espectador a descubrirlas y desmarañarlas.

Su segunda temporada ha desatado la imaginación de los guionistas, quienes se han atrevido a romper la dualidad en la que estaba atrapada la historia (Todo ocurría entre el reino del Bosque Encantado y El Mundo sin Magia), revelando la existencia de otros reinos (o dimensiones, ya qué) como el del País de Nunca Jamás, El País de las Maravillas y otro que abre un abanico de posibilidades aún mayor.

En el episodio titulado “The Doctor”, cuando finalmente nos revelan que la identidad secreta del Dr. Whale en Storybrooke no es nada más y nada menos que el Dr. Frankenstein, creador del famoso monstruo desmembrado, Once Upon a Time se expande y deja de contarnos sólo cuentos de hadas.

Frankenstein es una novela gótica creada por la autora británica Mary Shelley, un libro que ha trascendido generaciones como una historia de terror juvenil y ciencia ficción que ha logrado establecer a su monstruo protagonista como un icono pop y ha influenciado innumerable cantidad de obras. Pero sin duda alguna Frankenstein no es un cuento de hadas.

Tal vez ésta es la revelación más grande de la serie hasta ahora: que no sólo se trata de cuentos, sino de ficciones, libros, leyendas, mitos y toda historia que haya pasado de la imaginación al colectivo.

Por eso en la serie los personajes de diferentes relatos necesitan portales para cruzar a las historias que no le pertenecen, porque cada una trabaja a su manera, con su realidad ficticia.

Ya no es de extrañar por qué El País de las Maravillas, El País de Nunca Jamás y ahora la ciudad de Ginebra en la ficción se presenten en diferentes dimensiones con diferentes estéticas (experimentar el castillo del Dr. Frankestein en blanco y negro fue un notable detalle), pues en realidad son historias de libros distintos, con escenarios imaginados sin igual.

Durante todo el desarrollo de la serie sus personajes han exclamado hasta el cansancio que el mundo en el que vivimos carece de magia y por eso la buscan tan desesperadamente. Pero, ¿y qué si la magia de este mundo es en realidad la imaginación, capaz de crear muchos otros mundos como los plasmados en los libros? He allí la teoría.

Tal vez en Once Upon a Time quieren decirnos con esta revelación que cada gran libro es un mundo diferente. Y no hay nada más cierto que eso.